Leo revistas, atrasadas, y, me encuentro con reportajes fascinantes, ineludibles, impresionantes de ciudades. donde la belleza es lujo; donde la realidad se compra en mercados, en restaurantes en espacios, ilimitados, para las tarjetas de crédito; donde uno acepta ser parte del olvido de la pobreza, de lo arrugado, de lo feo, y sé, que nunca viajaré a esas ciudades, porqué he aprendido a soñar bajo la sencillez de las emociones simples.
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