La realidad, es una cascara de huevo rota, cuyos trozos de despegan, se desdibujan, se desquitan, de nuestra epidermis de cebolla. Todos tenemos, varias realidades derrotadas, vencidas, heridas, en nuestros platos. En la vida, aprendemos a comer sin llorar en las despedidas; a dibujar esperanzas sin borrar recuerdos; a amar sin odiar el ayer; a conquistar sin derrotar; a reír sin envidar; a ser nosotros sin ser ellos; a caminar descalzos bajo la esperanza. La realidad es, un movimiento, ajustado a nuestro corazón de cuchara.

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