La lluvia cae, pausada, impenetrable, aterida a la memoria, que se cuelga
de la distancia, donde intentamos acercarnos, saltando charcos, para así,
pertenecer a nuestro pasado y no ser parte del destino, que se asemeja a la
forma del olvido; que es la escuálida idea de no volver a ser; que es la mágica utopía de ser eternos; que es la efímera mariposa, que vuelva sobre el deseo
de fingir no morir, para poder sobrevivir a la soledad de la humedad, que se
adentra en nosotros sin pausa, ni acentos, buscando zaherir nuestros huesos
hasta convertirlos en silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario