El
desayuno emerge de nuestro deseo de seguir vivos, de encadenar amaneceres, de
volar sobre el hambre, que aparece cada nuevo despertar envuelto en filo hilo
de sueños
El
desayuno emerge de nuestro deseo de seguir vivos, de encadenar amaneceres, de
volar sobre el hambre, que aparece cada nuevo despertar envuelto en filo hilo
de sueños
El sentimiento se explaya en las casas, que deciden sí se aferran al mañana, entre silencios de relojes con manecillas lentas, pautadas, dubitativas; que cantan al recuerdo de nuestros antepasados, quienes sonríen en viejos retratos, sin mudar la expresión de eternidad, que nos acompaña en nuestra soledad
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
La
mirada busca belleza en el paisaje; dialogando con montañas, con valles, con olas,
con flores, con aves, con árboles, con ríos, con riachuelos; para hallar un sentido a la vida, que llora en
cada despedida, abrazando abecedarios del recuerdo
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
No sé si el duelo es pequeño o siempre es infinito, pero siento la perdida de dos vecinas mayores, con las que me llevaba bien; eran diferentes físicamente; compartían la viudedad y la lejanía de sus hijos; lo que les convirtió en mujeres solas, que se dejaban querer por las calles, donde me las encontraba y hablábamos de sus cosas. Mónica, veía mal, y alguna vez le llevé la compra hasta su casa; le gustaba mucho leer y le presté un libro (no recuerdo el nombre); la muerte repentina de su marido, le avocó a la soledad, que lentamente asesinaba su memoria. Mari Cruz, contaba muchos años sin su marido, pero resistía fuerte; tuvo una operación de corazón, de la que se recuperó; cada día salía a caminar con sosiego y con fuerza de voluntad; hemos caminado muchas tardes juntas, hablando de sus cosas. A la que primero eché de menos, fue a Mónica; un día vi a su hija pequeña y le pregunté. Mónica se cayó y perdió la memoria. Llevaba semanas, sin coincidir, con Mari Cruz, en mis paseos; pregunté a una vecina suya y me confirmo lo que intuía, se la habían llevado a una residencia. Desde que se fueron del barrio, me siento más sola sin su presencia; las imagino envueltas en el olvido, entre paredes sin recuerdos; cuidadas por extraños sin corazón; caminando hacia la nada sin amor; deseando ser ayer; creando silencios junto a seres sonámbulos, que vagan sin entender quienes fueron y donde se encuentran; que es un lugar elegido por sus hijos, no por ellos; donde sus miradas son fusiladas, cada dia, por trabajadores, que los tratan como si fueran muebles sin valor, que lloran al ser limpiados con asco; mientras sus vocales y consonantes enmudecen, por ser sacrificados en el altar del olvido.
Con
cariño a Mónica y a Mari Cruz
El
silencio se escurre entre los renglones del abecedario, que suma palabras
escritas en gargantas; que han olvidado hablar al destino; que han olvidado
cantar al ayer; que han olvidado bailar con el viento, que brama entre recuerdos
imposibles de encontrar, en la realidad, desdibujada por en el tiempo, que llora sin
consuelo la muerte de la imagen del espejo
Con
amor a la gente que padece Alzhéimer
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
La
utopía vuela hacia el encuentro del deseo, que llora abrazado por la esperanza
de ser libre de incertidumbre, que se posa sobre los corazones dolientes, que escriben
abecedarios de sueños en el horizonte, donde los suspiros elevan su oración al
infinito
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La
memoria se cuelga boca abajo; abrazada por el atardecer, que invade, que
suspira, que susurra al momento; vapuleado por la nostalgia del pasado, que
llora insomne, en el silencio del olvido; que se cierne invisible en el
calendario donde nadie es necesario.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©