Leo
un periódico atrasado, donde asisto a un baile de aranceles entre Estados
Unidos y China. Esta pelea, me recuerda a una vieja melodía, encendida,
apasionada, beligerante, de un cuadrilátero
de boxeo, donde dos hombres sin destino, se esfuerzan por derribar al contrario;
aupados por los tantos por ciento, que
sangran en sus cuerpos deflacionados por el mercado, que se cae, que se
levanta, hasta perder o ganar, en los bolsillos de los asistentes al combate; que parece interminable, pero llegará un
momento, que los púgiles ganarán en sus países sin muros de pensamiento
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