Padre
e hija, acompasan sus pasos; juntan sus miradas; unen sus abecedarios en el atardecer;
donde son abrigados por la ternura del pasado; donde son vigilados por el destino; donde son acompañados por la
erosión del presente; que les invita a hablar de sus rutinas para no perder el
sentido del tiempo, que consume sus cuerpos abocados al olvido
Con
cariño a mi compañera de colegio Elena P.

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