El
tenedor, la cuchara, el reloj roto, posan en el pañuelo, de mi bisabuela, Flora;
cuyo aroma, cuyo sabor, cuyo gusto, es
el paso del tiempo; que se columpia sin miedo a caerse en el silencio; donde el
ayer alimenta su recuerdo; donde el ayer canta su memoria; donde el ayer baila
su melancolía, alumbrada bajo la soledad de los abecedarios, que lloran sin ser
vistos su olvido,

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