Escribo esto, mientras me como una naranja; que
antes he pelado con desilusión, sin destreza, con apatía, por la
torpeza de mis manos, que nunca rodearan perfectamente los gajos, para dejar a
la naranja inmaculada; como hacía nuestra tutora de séptimo curso Sor
Elena( de las pocas monjas, que recuerdo con cariño) en aquellas tardes, que
parecían eternas, y nos enseñaba a pelear la naranja con cuchillo, que
acariciaba su redondez como si fuera esbelta; que besaba su recorrido como si
fuera importante; que acariciaba su silueta como si fuera un espejo, de nuestra
lucha en la vida; donde tendríamos que deslizarnos por las circunstancias, para
llegar a nuestro destino
Con amor a mis cinco sobrinos.

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