Y se fue la luz, el lunes 28 de abril, a las 12.30 de la
mañana, cuando la rutinas se acumulaban en casas, en oficinas, en
colegios, en comercios, en hospitales, en residencias, en cárceles; cuando la
gente viajaba en autobús, en metro, en tren; cuando nacían, cuando
morían, personas; quienes quedaron ocultas, ennegrecidas, oscurecidas, en
el tiempo; que se detuvo; que se paró; que se congeló en las
manecillas del reloj; para ser acariciado, a través, de una vela de silencios, de soledades, de
miedos; que pululaban, sin rumbo, sin acierto, sin destino, por calles sin semáforos; que gritaban a las almas, que ellos, también se
sentían abandonados en medio de la incertidumbre.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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