viernes, 12 de julio de 2013

Culpable

Las televisiones no daban crédito esta semana  aún no había veredicto sobre José Bretón.  Ayer el jurado por unanimidad declaró culpable a Bretón. Su rostro parecía una máscara de cartón. Los ojos de Bretón quemaron a sus dos hijos por venganza. La venganza debería ser abolida de los rostros. La venganza no debería formar parte de nuestra rutina, pero desgraciadamente siempre hay pequeñas venganzas. Vengazas que aniquilan nuestros días. Hay tantos culpables no juzgados. Hay tantas miradas como las de Bretón ocultas en cada amanecer que me declaro inocente. Pues nunca me he vengado de nadie.
Ana Maria Tapias Garcia.

jueves, 11 de julio de 2013

Los encierros de San Fermín

Cada año asisto al ritual de ver los encierros. No me gustan los toros, respeto a quienes los consideran un arte. Un arte que yo no entiendo. Me gusta la belleza que desprende la lucha. La lucha entre la vida y la muerte. En la calle Estafeta un toro zarandeaba a un mozo. He temido por su vida. He pensado que lo mataba. He llorado. He visto como un animal que se defendía ponía en duda la solemnidad de la vida. La vida es tan efímera como un encierro de San Fermín.
Ana Maria Tapias Garcia.

Esther Quintana

Veo su rostro con un ojo tapado por un parche y me recuerda a una pirata. Una pelota de goma de un Mozo de Escuadra se llevó su ojo. Los ojos acarician la vida. Los ojos son necesarios para la supervivencia de las formas en nuestro pensamiento.  Esther regresaba de expresar sus deseos libremente en la calles cuando se vio envuelta en el fuego cruzado de pelotas de goma. Pelotas proyéctiles. Pelotas asesinas de la libertad. La libertad de Esther nunca será la misma. Esther siente que es un pirata, una pirata del destino. Una pirata en medio de una batalla que no era la suya. La violencia siempre mutila la visión de la realidad.
Ana Maria Tapias Garcia.

miércoles, 10 de julio de 2013

Enfrentamiento de noticias.

En los periódicos veo dos fotos en las portadas. Dos fotos grandes: uno es en un" presunto delicuente", la otra es una periodista fallecida. Él es Bárcenas, ella Concha García Campoy. Concha García Campoy ha muerto a los 54 años y todos morimos con ella.  Bárcenas es un paraiso fiscal con voz de prepotencia. La prepotencia que da saberse vivo y fuera de la ley. La ley de un partido que no sabe sumar. Concha era nuesta esperanza. Concha nos ha dejado huérfanos de sonrisas. Ella que daba las noticias como sí Bárcenas fuera un dibujo animado. Ella una gran mujer se enfrenta en las portadas a un hombre pequeño, cuyas siglas deberían hacer una limpieza interna. Una limpieza con lejía que desinfecte los malos hábitos de quienes entendien la política como una forma de robar. Adiós Concha tú nos robabas la tristeza.
Ana Maria Tapias Garcia.

Concha García Campoy

La recuerdo con una sonrisa. La recuerdo guapa y llena de noticias. Noticias que salían de su boca. Boca apartada de la vida por la leucemía. Mi tia Maria Jesús fue diagnosticada de leucemia cuando ella. Tiene 57 años y lo ha superado. Pero Concha no la ha hecho. Concha se ha quedado enredada en su sangre. Sangre contaminada por la muerte. Sangre de las noticias.
Descanse en paz.
Ana Maria Tapias García.

martes, 9 de julio de 2013

Conversaciones de gente mayor.

Son conversaciones sobre la huida de la vida. Hablan sobre el cáncer. Sus amigos con cáncer. No hacen planes. No sueñan con viajar. Sólo con sobrevivir. Me estremeció oir las futuras conversaciones que me esperaban. Me estremeció pensar que la vida se reducia  a querer seguir vivo. La vida es para disfrutarla y amar a los demás.  A veces es díficil compartir la empatía. La empatía es la única fuente de felicidad. Felicidad rota por el cáncer. El cáncer es como el tiempo en las conversaciones. El cáncer.
Ana Maria Tapias Garcia

lunes, 8 de julio de 2013

Muerte en un autobús

Ayer murieron nueve personas en un autobús de ruta, cuya parada final era Ávila. Yo hace algunos años hice a diario la ruta Segovia-Ávila. Me  imagino en ese autobús arrugado en medio de la carretera. Imagino que soy una víctima que se dobla en sus asientos. Imagino mi cuerpo tendido en medio de la naturaleza y no entiendo qué hago allí. No entiendo quién es el culpable. No entiendo que la vida sea efímera. Estoy muerta y he de callar. Callar la violencia de un autobús que me llevaría a la ciudad donde una muralla me abrazaria.
Ana Maria Tapias Garcia.