domingo, 15 de enero de 2017

Nueva víctima de violencia

Desde que empezó 2017, sólo han pasado quince días;  y sino recuerdo mal, ya han sido cuatro las mujeres asesinadas, por sus parejas o exparejas. La última, ha sido degollada hoy en Huércal, Almeria. Tenía 33 años, el "Presunto culpable", es un hombre de 31 años, con el mantuvo una breve relación. Eso dicen los periódicos, que leo. Mi corazón, llora por cada nueva mujer asesinada. La sociedad española, ha de reaccionar ante esta epidemia; que no colapsa los hospitales como la gripe, pero, atasca los cementerios de mujeres, a las que nunca se las debió arrebatar la vida. Mañana, iremos a trabajar, y, comentaremos el frio que hace; la gripe que estamos a punto de coger; la nieve que no llega a nuestras calles. Y ella, la mujer acuchillada, yace olvidada en los susurros de dolor de su familia.
Ana Tapias

sábado, 14 de enero de 2017

La realidad

Esta foto, me ha llevado a mi admirado Antonio López, que se decantó por representar la realidad en sus cuadros. Me sumerjo en su mundo de pinceles, de sueños, de abismos cotidianos. Es complicado dejarse llevar por lo cercano, por lo que nos invita a ser uno mismo, por lo que refleja nuestro paisaje interior. Lo fácil, es evadirse a los sueños de ser otro; ese que se tira en paracaídas, que gira en una montaña rusa, que se desquicia en las colas de las rebajas; mientras,  mueren refugiados, que soportan estoicamente el frio que asola Europa. estos días de invierno. Por eso, la mayoría viajan a ver el mar en verano; en vez de condenar lo que pasa en el mar.
Ana Tapias


Las guerras

Mi abuelo, materno, me contaba su paso por la Guerra Civil española. Yo era muy pequeña; apenas lo recuerdo. El amor por las historias de mi abuelo, me llevó a licenciarme en Historia Moderna; leí libros y más libros, sobre todas las guerras; vi muchas películas de soldados que morirían; un día, dejé de verlas; ya no soportaba más, asimilar,  los cuerpos derrotados en los campos de batalla. Desde hace años, escribo en contra de las guerras. El mundo, ha perdido la empatía, la alegría, la amabilidad, de ser el otro; ese que cruza la calle, mientras nosotros miramos si podemos cruzar.  En Mosul, en Siria, cada día, alguien llora, alguien deja de rezar a su Dios invisible, alguien clama a lo imposible. En las guerras, todos son asesinos, todos son culpables, todos pierden. La victoria, es una mentira creada para justificar el asesinato. El ser humano, ha de revelarse en contra de la tiranía de las armas, sólo eso nos llevará a la paz.
Ana Tapias.

Ser interina

Me quedan, ocho o nueve, días para terminar el  trabajo. Me llevo la pena, de no haber estado a la altura de gente tan lista. Ser auxiliar administrativa, requiere años, y años, de trabajo. Estos últimos días son largos, tediosos, agotadores, inagotables. El interino, ha de empatizar rápidamente en el puesto de otro, que lleva  años en él; intentar encajar en un puzle de personas, con sonrisas y lágrimas; que chocan como si fueran trenes de alta velocidad. El funcionario o funcionaria, especie en extinción, suele estar sobrecargado de trabajo; a duras penas, levanta la mirada del ordenador; carece de tiempo real, para enseñar al sustituto del sustituto; que pulula apocopado, tímido, inhibido; por los pasillos  con la cabeza clavada en suelo, por miedo a levantarla y equivocarse. El interino, inmerso en sus sumas y restas,  cuenta los días para el final, pues la muerte, liberación del cuerpo,  siempre llega.
 
Ana Tapias

viernes, 13 de enero de 2017

En la sala de espera

El miércoles, a mi padre le dio un mareo en mitad del monte; a duras penas consiguió llamar a Martín, uno de sus hermanos; que vive en el pueblo, y al 112. Una ambulancia sin medicalizar, sólo con un conductor, lo llevó a Turégano. El médico no vio nada raro.  Fue hasta el Cubillo, su pueblo; donde había dejado el coche, y condujo treinta kilómetros hasta Segovia.  Al entrar por la puerta, sus ojos estaban lagrimosos. Era difícil sobrevivir al mareo, y aún más, a no tener un accidente por la carretera. Le convencí, para ir al hospital de Segovia a urgencias, a que le hicieran pruebas. La sala de urgencias, es pequeña, no cuenta con más de cincuenta incómodas, pesadas, duras sillas, para sentarse a esperar el veredicto de las pruebas. Mi padre pasó, mi madre fue con él. Me quedé abandonada en aquella sala; llena de caras sin solución. Abrí el libro electrónico; me decanté por la" Caligrafía de los sueños" de Marsé; logré concéntrame unos minutos. Me perdí, en aquella mujer mayor; alta, con pelo corto, aún con rastros de su belleza juvenil;  que un celador dejó en la sala. Venía acompañada de una mujer, pensé que era su hija, La mujer empezó a gritar, a llorar, a lamentarse. La cuidadora fríamente, la dijo que se calmará. Mi mente, viajó a la dureza de ser mayor; de depender de un cuidador sin escrúpulos; de cómo el cuerpo con el paso de los años nos deja a la intemperie, despreocupándose de nuestro dolor. Una hora, sin saber nada de mi padre. Mis hermanas, mi amiga Idoia, llamaron. En la sala, irrumpieron seis gitanas, con tres niños. Empezaron a hablar en alto, los niños correteaban ajenos a sus madres. A mi lado, se sentaron dos, apenas tenía espacio para mí.  No sabía qué hacer con las manos, con la mirada, con el cuerpo. Una de ellas, alzó la voz, criticando el comportamiento de otra.  Mi padre llamó, pronto le darían el alta. Las pruebas no daban nada concluyente. Me sentí aliviada; hubo gente que salió de la sala; pero, yo permanecí quieta, inmune, soportando las vidas de esos seres, que nos llamaban" Payos". En la calle, vi tres coches de policía y veinte gitanos. La luna me llevó a Lorca.
Ana Tapias Garcia

martes, 10 de enero de 2017

Los refugiados y la nieve

Europa vive inmersa en un temporal de frio. La nieve cae sin dar tregua, dejando un paisaje acorde con el invierno. Unos lo llevan mejor que otros. Los refugiados que duermen en campanentos, corren el riesgo de convertirse en esqueletos helados. Dando a la frontera europea, un toque de cementerio ambulante. Nadie hace nada, los muñecos del mar, naufragan de sus sueños.
Ana Tapias

Desencajar

Útimamente, noto que mi alma, se ha desencajado de mi cuerpo. Vuela ajena a la realidad; a la que me someto sin  fisuras. Lloro envuelta en metáforas, cubierta de silencios, desdeñando las pausas. Nadie me invita a soñar,sólo  a fracasar en medio  del  frio. Mi alma, se posa en la utopía.
Ana Tapias