sábado, 30 de diciembre de 2017

¡ Pobres ladrones!

A mis padres y a mi, nos asusta cualquier ruido en la puerta de la calle. Lo normal, si tenemos en cuenta que han entrado sin pedir permiso en nuestra casa, hace unos días. En realidad, no sabemos exactamente cuándo fue, ni quién fue, me temo que nunca lo sabremos. Hecho que nos tiene sinceramente descompuestos. A mi padre, se le ha puesto un nudo en el estomago, que le impide comer con fluidez. A mi madre, la pica todo el cuerpo.  A mi,  me dan ganas de vomitar a los vecinos, que dicen no oyeron nada, a pesar de que, tuvieron que hacer mucho ruido para romper nuestra  cerradura. Estos últimos días, siento algo parecido a  pena por los ladrones, ya que, no se han llevado los millones y más millones de euros, que teníamos escondidos dentro del armario de nuestras habitaciones, que quedaron como si fuera un campo de batalla.  Debieron llorar. al encontrarse con una tele antigua, una mini cadena prehistórica, un ordenador roto, otro casi roto, dos cámaras rotas, libros hasta en el baño, una cafetera de hace veinte años, dos relojes  desgastados de mi tío, Esteban, el anillo de hojalata que mi abuelo hizo como prueba de amor a mi abuela, céntimos de la década pasada. Debe ser terrible, espiar a alguien durante semanas, soñando con las joyas de la corona, para tener que asumir llevarse un camafeo de principios del siglo XX, con tan sólo valor sentimental.¡ Pobres ladrones!
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

¿Cómo se construyen las palabras?

Siempre me ha llamado la atención cómo en la construcción de las palabras, encajan prefijos y sufijos, que recuerdo aprendí en séptimo y en octavo de la extinta EGB.  El mundo no gira no sobre su eje, sino sobre palabras que consumen nuestros momentos diurnos y nocturnos( hay gente que habla dormido, y en las pesadillas también encontramos un espacio para el diálogo) Me llama la atención la palabra del año para la"Fundación del Español Urgente", es "Aporofobia", que nunca había oído y ahora intento masticar en mi vocabulario. Aprendo su significado odio hacía los pobres. Extraños individuo parecidos a los extraterrestres, que no sienten pasión por consumir vorazmente; ni  por llevar sus monedas a paraísos fiscales; ni por adobar sus caras con maquillaje social, ese que gasta  lo políticamente correcto; ni por diluir sus miedos bajo pieles de animales asesinados para ellos;  ni por degustar delicias de la cocina deconstruidas por un chef, que no cocinero, cargado de química muy creativa.  Los pobres son todos aquellos que olvidan que dormir en la calle no es un viaje deseado, sino un relato de Charles Dickens.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

Travestir el recuerdo

Escribo desde la foto que guardaba mi abuela, Encarna, de su hermano, Amador  Heredero Sanz. Fallecido a los cuarenta años por un derrame cerebral, se había casado hacía unos meses. Lo imagino feliz, acompañado de sus dos amigos, dos desconocidos para mi memoria. Su mirada alegre, no hubiera adivinado su muerte prematura, su aciago destino, su voluntad anulada, sus destrezas enterradas. Su rostro me persigue en mis hermanas y en mis sobrinos; sus corazones laten con felicidad heredada; sus piernas pasean por sus mismas calles; sus pulmones vigilan que no se acerque el humo de su cigarrillo; su pensamiento encapsulado atraviesa la barrera del tiempo; su voz se diluye bajo las estrellas. El tío Amador es abrigo que nos salva del frio de la muerte.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

jueves, 28 de diciembre de 2017

¿ Y después del robo qué?

Dos días, han pasado, desde que supimos que habían robado en nuestra casa. Hecho que nos tiene sumidos en un duelo, del que intentamos salir segundo a segundo, minuto a minuto. Las horas por la noche se hacen eternas, es como si no pasará el tiempo, cualquier ruido se vuelve una nueva amenaza. Esos desconocidos que han degollado tus cosas, a quienes nunca detendrán, pueden volver a entrar, o, sino otros, y el miedo llama a la imaginación en el momento más inesperado. Uno se siente intimidado  por la extraña presencia de los invitados de lo ajeno. No reconoce su casa. La detesta por dejarse hacer eso. Por no resistir. Por permitir que otros la desearan. Por no ser fiel a nuestras cosas. Cuando ellos destrozan la puerta e invaden nuestro terreno, hemos de aprender a caminar de nuevo por pasillos, a acariciar recuerdos, a sentir nostalgia destruida por sus manos.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

Mujeres sin cuerpo

Hoy "presuntamente" Arantxa de 37 años, ha sido asesinada por su pareja en Azuqueca de Henares, delante de sus tres hijos. Andrea de 20 años, fue"presuntamente" asesinada por su expareja en Benicassim. Dos mujeres sin cuerpo, con sonrisas golpeadas, ausentes de significado. Se suman a la lista de mujeres olvidadas, despreciadas, desdibujadas de la monotonía.  El legislador ha de proponer medidas, para que los futuros asesinos dejen sus instintos aparcados en la cárcel. Cada mujer sin cuerpo, es un alma derrotada,  una sombra cubierta de lagrimas, un beso de silencios, que busca su posición en el calendario.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Robar en casa

Estoy tentada de colocar un cartel en la puerta de mi casa que anuncie,"Aquí ya han robado, no tenemos nada más que os guste, dejadnos en paz". Al llegar, ayer, de Madrid, la puerta de casa estaba abierta, la cerradura reventada. Mi madre dijo"Hay mi casita" Mi padre dio la luz del comedor. Mi madre,se metió en su cuarto. Llamé a la policía, marqué el 091 como si toda la vida lo hubiera hecho. Con voz temblorosa, llorando, sin acertar con las palabras. Comuniqué "Que nos habían robado". No me atrevía a mirar en mi cuarto. Mi madre dejaba de ser ella, al ver su vida esparcida sobre su cama. Quería acariciarlo, cogerlo, amarlo, de la violación que había sufrido. Dos policías nos visitaron, estarían acostumbrados al desorden, al caos, a ver casas decoradas con envidia, con odio, con asco de delincuente. Mi animo se entorpecía, no daba crédito. Habían reventado la puerta de casa. Mi cuarto conservaba los ordenadores, casi se lo agradecí a los ladrones. Mi primer cajón de la mesilla, todo revuelto, lleno de viejos recuerdos sobre mi cama. Me habían quitado 20 euros que dejé.  Mi ropa toda extendida sobre mi cama y el suelo. Mis joyas son los dibujos de mis sobrinos y mis libros( el oro no me gusta, y no me lo puedo permitir) Los ladrones, desconocían que apenas tenemos joyas, las que había( herencia de mi abuela) se las llevaron y cincuenta euros, que mi madre había ahorrado, desde que murió mi abuela, para darse un capricho. En casa de mi abuela, enfrente de la nuestra, también entraron. No encontraron nada, sólo dos viejos relojes de hojalata de mi tío, Esteban, que despreciaron. Seguro que mi tio, un perdedor de la Guerra Civil, dedicó muchas horas, desvelos y trabajo clandestino para comprar esos dos relojes.  Hemos pasado la noche  velando nuestras cosas, como si fuera un entierro de nuestra intimidad; que hoy hemos dejado cubierta de tierra, adornada con una corona de flores, enarbolando la palabra"Miedo".Cuando los ladrones entran en casa ya nada es lo mismo.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)