En España, país civilizado según los
cronistas, esta semana, han sido “presuntamente” asesinadas por sus exparejas y
parejas, tres mujeres y dos niñas de corta edad. A una de las mujeres, la
jueza no la hizo caso y no dictó medidas contra su presunto asesino. Ante la
barbarie de hombres, que para mi no están enfermos, sino que no tienen
conciencia, ni empatía, ni sentido común. Es hora, de tomarnos en serio esta
tragedia, que afecta a tantos hogares españoles, donde beber agua es una
complicada hazaña bajo la mirada del agresor. Es hora, de actuar, de salir a
las calles a exigir más medidas al Legislador, al que parece que le da igual
esta epidemia de mujeres asesinadas. Es hora, de gritar los nombres de las
mujeres que se fueron sin necesidad. Es hora, de pedir explicaciones a los
jueces que no dictan órdenes de alejamiento. Es hora, de soñar con un país
donde las mujeres puedan sonreír.
jueves, 27 de septiembre de 2018
miércoles, 26 de septiembre de 2018
El tio Amador
Amador, perdió a su padre, Manuel, cuando apenas
contaba dos años. Su madre, Florencia,
tuvo que ponerse a trabajar como ayudante en una pastelería, sólo con un riñón.
Sus tres hijos, trabajaron, desde pequeños, en lo que
pudieron. Mi abuela, vendía caramelos, en los soportales de la plaza mayor
de Segovia, junto a su abuela. Los ojos verdes de esa niña con pelo rizado,
rubio y de prometedores palabras; atraerían a los segovianos pudientes. Con los reales que sacaran comprarían alimentos. Imagino
que los inviernos, debieron ser largos y duros, pues en los años veinte no había
calefacción, sino carbón, que muchos dias no tendrían. Amador, se crio en
un barrio, donde los domingos por la mañana de verano, al dejar el balcón
abierto, olía a pan recién hecho; donde las vacas, eran ordeñadas a unos metros
de su casa; donde el zapatero, hacía manualmente formas a los clientes; donde
los coches, eran una apuesta de futuro. En la guerra, fue conductor de camiones,en el bando que
le tocó luchar. Los obreros no podían rebelarse, y más aún si tenían familias a
la que mantener. A los seis años de terminar la guerra, su madre murió.
Amador, la sobreviviría 16 años más. A los cuatro meses de casarse, cuando su
mujer yacía postrada en una cama, tras perder al hijo que esperaban, con 40 años, un derrame cerebral, le dejó sin vida. Acaba de comprarse su propio taxi. Y yo, su sobrina nieta, pasados tantos años de su efímera existencia; necesito abrazar
su memoria; porqué sus ojos son los de
mi abuela, los de mi madre, los de una de mis hermanas; los de una
de mis sobrinas; porqué el tío Amador fue un hombre bueno, que luchó,
que trabajó, en una época donde soñar no era fácil.
Con todo mi amor a la memoria de mi tio Amador Heredero Sanz
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©
lunes, 24 de septiembre de 2018
y si vieramos una luna negra
¿ Y si viéramos una luna negra colgada del horizonte, qué haríamos? Imagino
que los ricos se esconderían en su refugio nuclear, para no oser apresados
por hombres-perros, hombres-gatos, hombres-monos; mujeres-elefantes;
mujeres-cocodrilos mujeres-arañas, mujeres-mariposa; quienes caerían
sobre nuestras cabezas y nos pondrían una cadena. Nos llevarían a sus
naves espaciales; para dejarnos en su luna negra, sin luz; abocada a la
suciedad; al deterioro de los plásticos; sin vegetación; ni auroras. Al salir
de las naves, no nos reconoceríamos a nosotros mismos, pues el viaje nos habría
envejecido. Apenas podríamos caminar, unos cuantos pasos y caeríamos en fosas
de olvido. Los ricos no se atreverían a salir de sus cárceles blindadas.
Mientras los hombres-perros, hombres-gatos, hombres-monos; mujeres-elefantes, mujeres-cocodrilos,
mujeres-arañas,mujeres-mariposa; se bañarian en nuestros mares, disfrutarían de
la belleza de nuestros monumentos; acariciarán a nuestros montes; cantarían
bajo la lluvia; caminarían escuchando las estrellas; doblarían las madrugadas
con sus besos; porqué si algo han aprendido en su luna negra es a valorar la
belleza de la tierra.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
jueves, 20 de septiembre de 2018
La derrota
La derrota llora bajo la almohada; se refugia en la soledad, adonde no llega la compasión de los
demás; que no comprenden hasta que punto, una rosa estalla pétalo a
pétalo bajo las estrellas, sin ser rodeada por la lluvia. La derrota, siempre, contundente
no busca espejos donde reflejarse, tan solo desea el anonimato para sentirse
fugaz.
Ana Tapias( todos los derecohs reservados)©
Diálogos en los sueños
Me pasa siempre, lo que no puedo o no me atrevo a decir despierta lo hago
dormida. Suelen ser personas, por llamarlas de alguna manera que han
herido mis sentimientos repetidas veces. Mis compañeras de colegio, que
se rieron de mi, entre ellas, la Velasco, han aparecido, año a año en mis
pesadillas. Las decía que no las iba a perdonar, por el daño causado en mi
adolescencia. Siempre me contestaban con alguna grosería. El hermano de mi
madre, quien me ha insultado desde que tengo uso de razón hasta ahora, y del
que nunca me pude defender por recomendación de mi madre, que prefiere
callarse. Esta noche, se coló en mi vida, iba trajeado. Estaríamos en alguna
comida familiar, crucé unas palabras con él, para defenderme de su maltrato. Me
desperté tranquila, sabiendo que una parte de mi se había desahogado,
aunque fuera en otra realidad adonde los suspiros y las lágrimas no
llegan )©
martes, 18 de septiembre de 2018
Epi y Blas
De pequeña, cuando llegaba aburrida del colegio a casa; íbamos mis dos hermanas y yo, a casa de mis abuelos, a ver la televisión en blanco y negro; luego compraron otra en color, igual de grande que la anterior, pero, con más botones donde apretar, para ver los dos canales, con los que entonces nos conformábamos. Mis abuelos, seres mágicos de mi infancia, enchufaban la tele, y dentro de ella , que parecía un cuadro al que seguir con la mirada, nos adentrábamos en la sintonía de Barrio Sésamo, que era una casa de muñecos de trapo; que hablaban para que pensáramos los niños, A mí, quien me gustaban eran Epi y Blas. Epi, era huraño, listo, quejica. Blas, era torpe, alegre, repetitivo. Dormían en la misma habitación, como mis dos hermanas y yo; nunca me pareció extraño. Pero, uno de los guionistas ha desvelado el secreto, Epi y Blas, eran pareja. Tal vez, si me lo hubieran dicho entonces, los tiempos del blanco y del negro, me hubiera alegrado por ellos. Siempre he deseado la felicidad hasta de los muñecos de trapo. Ahora, creo que Epi y Blas, han salido del armario; y al fin, podrán besarse delante de todos, pues el amor, entre adultos, nunca ha de ser cuestionado, ni tan siquiera por la audiencia
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©r
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domingo, 16 de septiembre de 2018
Abdico de la poltiica
Lo acabo de decir, abdico de la politica, nunca más voy a votar, ni tan siquiera en blanco.
Ana Tapias
Ana Tapias
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