lunes, 30 de junio de 2025

No puedo olvidar

 

A menudo recuerdo mis sueños, la mayoría son pesadillas; una de mis hermanas, hace muchos años, me aconsejó que las escribiera, debido a la magnitud de las imágenes que las rodeaban, que las circundaban, que las abrazaban; a veces, algunas, no se me van del pensamiento, y esta es una de ellas. En mis años escolares, sufrí el acoso de mis compañeras, durante muchos años, que he arrastrado mucho tiempo después;  la crueldad de aquellas adolescentes, que fumaban en espacios prohibidos; que se pintorreaban  sus pómulos, para ser más adultas; que enarbolaban sus cuerpos delante del mío, como una amenaza a mi supervivencia, que se arrastraba por las aulas con ganas de suicidarse, pero nunca tuvo el valor de hacerlo; hubiera sido una victoria para ellas, y una derrota para mí, que fui una víctima en soledad; ningún profesor me ayudó, convirtiéndose en cómplices del maltrato que sufrí. La noche del sábado al domingo, soñé con Esther LL, y sus amigas; para echarles en cara, su comportamiento, que era maldad, que me persigue cuarenta años después; llevándome a la tristeza de mi adolescencia, infeliz, amargada, truncada, por una panda de cobardes, que disfrutaron riéndose de mí; y su eco, llorará siempre en mi vida. Es complicado escribir sobre sus rostros, pero de vez en cuando, he de gritar mi dolor, que se cruza en las calles, de mi pequeña ciudad, con sus cuerpos deformados por la madurez; no me interesan sus vidas, de las que escucho sus conquistas; no quiero venganza, ni les deseo nada malo; pero no puedo olvidar que rompieron mi adolescencia y he aprendido a caminar sin ella.

Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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