La firmeza, el ánimo, la voluntad, la lucha,
requieren solvencia de nuestra arquitectura interior; que anhela un abrazo de
destino, para eludir la soledad, para menoscabar el silencio, para apartar la
duda, que se cierne sobre nuestro cuerpo, vigilado por la muerte; que llama,
que reclama, que sugiere, que vayamos a su encuentro, para dibujar en un
suspiro nuestro recuerdo.

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