Llevo varios días con una crónica sobre mi mesa de trabajo, que sobrevive inmersa en la incertidumbre (pero siempre firme en mi deseo de escribir sobre lo que emociona) Desde que empezó la guerra de Ucrania, leo las palabras de Alberto Rojas (1977) en el diario” El Mundo”. En mi vagabundeo intelectual entre libros y periódicos, que acumulo en mi cuarto de dormir( tal vez, padezco el síndrome de acumular historias; que no sé si tiene un nombre bautizado) Ante mis ojos se alza un articulo del 8 de febrero de 2025, titulado” Viaje a la frontera de Kursk”, a su relato se suman dos fotografías de militares; la fotografía más pequeña, se encuentran tres hombres con uniforme militar, sentados en un refugio, donde sujetan la esperanza; donde coquetean con el miedo; donde lloran incertidumbres; en la fotografía más grande, se encuentran tres hombres con uniforme militar de pie, rodeados de nieve; detrás de ellos, nos topamos con un tanque; dos de ellos, se abrazan de manera visible; el tercero es mas recatado con su hombro. Alberto Rojas, escribe en directo su miedo; vigilado por un dron; acariciado por la soledad de los pueblos abandonados por la inhospitalidad de la batalla; que se prolonga sin fin por sus cuerpos derrotados; por sus almas vencidas; por sus sombras perseguidas, sin saber, si su corazón dejara de latir en medio del olvido, que Rojas esculpe en abecedarios que se leerán en el mañana
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