martes, 14 de octubre de 2014

Señores de blanco

El frio contamina mi escritura, en la sierra segoviana ha nevado, no son las primeras nieves del año. En miles de pueblos africanos observan con preocupación a los señores de blanco, no miran a los ojos, no tocan la piel, las caricias no les están permitidas. Luchan contra el ébola.
Los señores de blanco formarán parte de nuestro paisaje  de prisas y silencios. Les veremos en aeropuertos, en bases militares, en hospitales, en cafeterías, en bares. Les temeremos más que a los señores de negro, por excelencia, los cobradores del Frack.  
La distancia con ellos será requisito para sobrevivir,  pues llevan pegados a sus trajes de alta costura la muerte.

Ana María Tapias Garcia.

lunes, 13 de octubre de 2014

Cotejar

Leo que son 100 personas las vigiladas por estar en contacto con Teresa, querida Teresa. La televisión  muestra  gráficas sobre los 15 ingresados en el Carlos III, que parece por la  perspectiva que ofrecen que está alejado de Madrid, está bien situado en la ciudad.
 Siento que los periodistas manipulados por los hilos del  poder, desfiguran las arrugas del ébola, que  no está controlado, como nos aseguran, que Teresa está muy grave ,y,  puede morir, que los charcos lloran para acallar lo que sabemos, y,  no queremos denunciar" Que nos roban con tarjetas de Bankia, derrochando  nuestros ahorros en botellas  de vino, en viajes caros al otro lado de la enfermedad".

Ana Maria Tapias Garcia.

domingo, 12 de octubre de 2014

Aislamiento

Olvidamos ciertas palabras, que de repente se cuelan en nuestro vocabulario. Aislamiento, seguro que la RAE  nos ofrece una brillante definición, pero a nuestra mente llegan las imágenes de los posibles casos  de  ébola, de  Elena, querida Elena, que lucha por su vida con capsulas de tratamientos. 
 Pronunciar la palabra aislamiento requiere entrenamiento de las cuerdas vocales, para aceptar que los recortes sanitarios pueden romper nuestra voz,  en cualquier momento, que un sujeto ataviado con un traje regional del espacio, nos despojará de palabras como sociabilidad, que hemos pronunciado como parte de la rutina, que es secuestrada y cuyo rescate tal vez sea negociar con el destino. 

Ana Maria Tapias Garcia. 

Caparazón

Bajo el caparazón de la lluvia se esconde la  verdad. No es bonita, ni tiene música, es cruel e injusta. Aparece a nuestro  lado, nos desnuda y, nos helamos de frío, dejamos de soñar para sobrevivir bajo un paraguas,que nos proteja de la desigualdad, de la pobreza, de la violencia, de la necesidad de sabernos más listos que los demás. 
Bajo el caparazón de la lluvia yace la realidad

Ana María Tapias Garcia. 

sábado, 11 de octubre de 2014

Exhumar un rastro

El acueducto de mi ciudad no necesita ser exhumado, pero sí lo  necesita el rastro el ébola. Ya son 17 personas ingresadas en el Carlos III, es cierto que 16 no presentan síntomas, y, sólo Teresa, querida Teresa, está infectada. Sus pasos anteriores al ingreso,  se han seguido como si fuera una criminal cuyas huellas le incriminan. Hay vecinos que han abandonado sus casas,  por miedo a correr la suerte de Teresa. 
No sabemos mucho del contagio, sólo que mata con decisión, con dureza, sin miramientos. Hay taxistas que no quieren llevar a gente de  color en sus vehículos.
El rastro del  ébola nos lleva a intentar sobrevivir, en un mundo que no creyó necesario investigar una vacuna, porque morían los negros, y, ahora los negros somos nosotros. La vida es un pañuelo, ya lo decía mi abuela. 

Ana Maria Tapias Garcia.

viernes, 10 de octubre de 2014

Palabras, voces y otras chorradas

Ayer, escuché a gente hablar y hablar sobre gramática, sobre sintaxis, sobre ortografía, sin entender mucho. Mi único consuelo era mi botellín desarmado, ante tanta gente con participios, con gerundios y con  tildes diacríticas, que disparaban como proyectiles hacia mi cuerpo desnudo de ellos. 
Mi vacio interior era intenso. Salí con ganas de llorar en un jodio participio, pero hube de consolarme con ver a Soraya anunciar que era la jefa del ébola en España,  y,  que sólo le preocupaba Teresa, la vilipendiada contagiada. Me fui a leer al último Premio Nobel de literatura, seguro que él no me ajusticiaba, por no ser una febril preposición en busca de un infinitivo, al que enseñar a escribir bien. 

Ana Maria Tapias Garcia. 

El ruido de la lluvia

El ruido de la lluvia zozobra mi pensamiento, le acerca  a  la incertidumbre sobre el ébola.  No tengo escafandra para ser inmune. No tengo lágrimas, suficientes,  para asistir a la muerte de aquellos, que lo hacen hacinados en el Tercer mundo. Sólo tengo preguntas incoherentes, preguntas incesantes, preguntas enrojecidas, sobre otra forma cruel de dejar de soñar.
 El ruido de la lluvia   me sumerge en  la lucha de Teresa  que nunca se equivocó, sólo hizo su trabajo.  No condenemos a  su sonrisa que yace intubada.

Ana Maria Tapias Garcia.