jueves, 11 de junio de 2015

Lentejas

Mi madre anochdejó a remojar lentejas, las he visto al levantarme. He pensado me comeré los espaguetis que sobrarode ayer.  De pequeña, cuando las  lentejas formaban partde un pure verde;  tragaba una cucharada, no muy llena, bebía lentamente un trago de agua, que aliviaba el sabor, así hasta que terminaba la afrenta de mi madre. Sabía que odiaba las lentejas.
Hay una frase que llevo tatuada en mi memoria No fastidies", la dijo mi abuela, Encarna, al saber que aquel dia había lentejas. He sonreido al toparme con las legumbres, que son para mí la ternura de un  recuerdo que saboreo sin miedo. 


Ana Tapiasr

Nigeria

La violencia contra las niñas, contra las mujeres, se explaya de muchas formas, siendo una de ellas la mutilación genital, que sufren en, Nigeria, 19,9 millones de niñas. Goodluck Jonathan, presidentde Nigeria, ha firmado un  proyecto de ley que lo tipifica como delito. En el mundo se cree que lo han sufrido 125 millones de niñas.
 Se mescapan las lágrimas al intuir la humillación, el dolor, la perdida de la dignidad, que padecieron, las niñas mutiladas. 
 Las mujeres somos libres, no animales a quien acuchillar; a quiedomesticar bajo la costumbre. Una mujer un voto. Construyamos  una  democracia entre todos y para todos, basta ya de cuotas, basta ya de techos de cristal.  Las mujeres sonreiremos.

Ana Tapias.

LLuvia, tormenta y otros pactos

La noche ha sido un concierto drayos, de truenos,  acompañados por la lluvia. Siempr tan fiel a todo lo que huela a mojado; a soñar bajo el paraguas; a ver caminar a cuerpos encorvados; a la distancia de las piernas cuando formacharcos; a someterse a las pequeñas imposiciones de las nubes. Como los ,nuevos, partidos politicos, aún minoritarios, que imponen sus claúsulas, matrimoniales  a los, viejos, partidos politicos; que  firman para evitaempaparse, calarse, del silencio de  ser oposición.
 A dos dias de costituirse los Ayuntamientos la tormenta arrecia.

Ana Tapias

miércoles, 10 de junio de 2015

Sala de espera

Ayer.  acompañé a mi padre al oculista, la sala de espera estaba llena de pacientes que hablaban; de enfermeras que pasaban lista; de soldados con jeringilla que buscaban víctimas con las que ensañarse;  de viejos combatientes que al llegar a los 70, años, perdian las fuerzas, y, las pocas que les quedaban, se rebelaban al leer la carta que los comunicaba  que le subìan la pension 1 euro. 
Enfrente ,mía, había una mujer sentada en una silla de ruedas: alta, gordita, pelo blanco, corto; gafas. Mi padre conocía a su marido, sode pueblos vecinos. Supe su drama. Hace un año murió su hijo con 41 años, la dio un infarto a los poco meses. Me fijé en cómo miraba a una señora situada a mi derecha, sentada en una silla de ruedas: bajita, las piernas vendadas, con falda; sin gafas.
 Nunca se conoceran, sufren, eso las ha unido en un diálogo mudo de dolor; eso las ha unido en una silla de penas encriptadas que no logré descifrar.

Ana Tapias

martes, 9 de junio de 2015

Pedro Zerolo

No soy socialista,  pero admiro a  gente como, Pedro,  que luchaba;  que daba la cara por lograr un mundo más igualitario; un mundo  sin fronteras clasistas;  un mundo  si tradiciones caducas a las que anclarse;  un mundo  sin palabras  qudiscrimen a los que aman sin mirar a la costumbre:  a los que sueñan que el arco iris se puede pintaen el corazón. Un mundo sin lágrimas.


 Hoy lloro la muerte Pedro Zerolo, un hombre valiente.

Con cariño.
Ana Tapias

lunes, 8 de junio de 2015

Conversaciones

Recuerdo haber oido contar a Carmen Martín Gaite, que la gustaba ir en el autobús y escuchar conversaciones de la gente. Soy Martín Gaite caminando. Ayer, me llegaron tres voces de mujer. La primera iba con su marido, los dos de cincuenta y muchos. Hablaba sobre otra mujer, decía"Además la gusta el cine". Zanjé la conversación añadiendo" y más cosas la gustan.
Seguí paseando, la segunda también iba con su marido, los dos jubilados recientes. Me llamó la atenciócómo pronunciaba la palabra" Desencuentro" y cómo le susurraba" Que se enfadaba potodo".No supe qué decir". 
 A la vuelta de la esquina, aún inquieta por los desencuentros matrimoniales,  la oí. Era alta, delgada, bien vestida, rondaría los cincuenta y cinco. Comentaba a un matrimonio mayor " Gente de mi edad que hemos ocupado puestos de responsabilidad,  y drepente no vales". Me  entristeció su dolor.
Mis pies lloraban por la soledade mis pasos, solo esuchados poel asfalto.


Ana Tapias.

don Andrés

Pertenezco a la parroquia  de la Santísima Trinidad, una Iglesia románica, situada a cinco minutos de  la Plaza mayor de Segovia;  escondida a la vista; de la que acumuló muchos recuerdos. A los seis años el cura, Eufrasio, al iniciar la misa mdijo" Vetniña", la culpa fude mi prima, Rita, que me hizo reir. Años y años de catequesis para tomar la Comunión, la Confirmación. El funeral de mi abuelo, Leoncio. La boda de mi hermana, Encarnita; el bautizo de sus tres hijos.
 Mi fe se fudiluyendo, desdibujando, difuminando  en la realidad. Voy poco a la iglesia, admiro a don Andrés,  rroco de la Santísima Trinidad, es un pastor  entregado a sus feligreses. Sus palabras hechizadas por el sentimiento llegan al corazón. Mi amiga, Puri, no pudo contener las lágrimas en el  funeral mi abuela, Encarna, a quien apenas conocía. El sábado en el  funeral  del, viejo, carpintero. La  tristeza quemaba mi mirada. Lloraba lentamente, no quería que me vieran, que supieran qudon Andrés me había hecho ver a Dios, tras décadas  dudando. Voy poco a la iglesia.

don Andrés con cariño.