El atardecer se explaya incontestable sobre el horizonte, que parece un suspiro ante la mirada incontenible de querer atraparlo del visionario; que sale sin escalera a la calle, inmerso en sus dudas sobre la existencia de un día, que parece calcado del anterior, ajustado a un plan progamado, heredado de sus padres, como si nada fuera posible fuera de él. El atardecer se despide sin gritos, ni poemas, tan sólo con la voz del silencio, esa que se posa en el olvido.
lunes, 15 de octubre de 2018
domingo, 14 de octubre de 2018
Noticias que nadie lee
Nunca leo el periódico el día que lo compro, a veces, tardo meses. Así que,
ya conozco el fin de la historia, eliminando el suspense que genera la
realidad. Pero, hay noticias que me aburren, pero procuro entender; entre ellas las de economía, que me dejan
en la subida de impuestos; en los presupuestos aún no aprobados;
en la guerra comercial que Trurmp( el
presidente que ha establecido la máxima de "América para los
americanos") con cualquier estado que atente contra sus ingresos. Aliándose
contra él, China y Rusia. Voy subrayando lo que me parece importante, para
intentar retenerlo en mi mente. Soy poca habilidosa con las matemáticas. Las
cuentas de los países, no son más, que
restas y sumas combinadas en el psicotécnicos de una masa de gente anónima,
quien, se ve abocada a sufrir los estragos de seres estratosféricos, que piensan
como si fuera importantes. Tal vez, por la falta de empatía de los creadores de
la macroeconomía, no leo casi nunca sus dictados.
Ana Tapias( todos los derechos reservados) ©
Saber mirar
En esta foto, se puede ver a la
incubadora de una castaña, que ha volado hacía el suelo, esperando una vida en
libertad. La vaina se ha posado sobre un
banco gris; donde ha caído del árbol, tal vez, impulsada por el viento y por la
lluvia, que no han dejado de acosar a su sentido común, que se ha vuelto rojo.
Color del paraguas, con el que me
protegía de las gotas de agua; que ocultaban mi sombra reflejada en el banco.
Las realidades se solapan en una misma mirada, que nunca será capaz de acaparar
todo lo que sucede mientras intenta averiguar cuál
es la verdad©
Ana Tapias( todos los derechos reservados)
Venezuela
Hace más de quince años, que hice un curso de Librería en Madrid; me
encontré con una venezolana exiliada, quien me hablaba de los milicias
bolivarianas. Un día, se puso a llorar por la suerte que habría corrido uno de
sus hermanos con estas milicias. Mi excompañera de curso, a quien no he
vuelto a ver, y si, la viera no sé si la reconocería; me acercó a la
situación de un país del que llegan pocas noticias a España. Las que encuentro,
las destripo de los periódicos. Sé que no pueden decir lo que piensan, porqué
si lo hacen son encarcelados, o, se suicidan sin motivo. Sé que pasan
hambre, no hay alimentos en las tiendas. Sé que no tienen medicinas en sus
hospitales. Sé que cruzan la frontera para buscar un futuro en Colombia. No sé,
cómo soportan a un hombre, que ha sustituido a otro hombre, que no piensa en
ellos; porqué desconoce el significado de la palabra dignidad; porqué ama
mirarse en el espejo antes de saltar al otro lado; porqué besa a la
dictadura como democracia; porqué no entiende que la vida es empatía y por eso
practica el egoísmo, que mata los sueños de libertad de tantos venezolanos que
lloran pidiendo permiso.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
jueves, 11 de octubre de 2018
Soledades
No sé, si es bueno y necesario tomar distancia de la soledad. En la foto,
hay varias soledades: la de plancha de mi bisabuela, Juliana; la de mi tía
María, su hija; la de un viejo diccionario, roto en dos partes desiguales; la
de tres claveles marchitos; la de un collar de perlas; la de un trapo de tela
que parece un manteo de segoviana. Las soledad de mi tía, María, tal vez
se aliviara acariciando la plancha de su madre; quien, tuvo ocho hijos en los
que verse reflejada; y ya cansada por la noche leería esas palabras imposibles
de descifrar, que a la alejarían de las preocupaciones de sus siete hijos casi
casados, y su hija, María, que no tenía suerte con los hombres con los que se
cruzó y lloraba arropada con su manteo segoviano, desgastando con sus dedos un collar de perlas como si
fuera un rosario de avemarías para consolarse de su soledad; que siempre fue
vigilada por sus hermanos y sobrinos
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©miércoles, 10 de octubre de 2018
Pasado, presente y futuro
Pasado,
presente y futuro forman un collage, a veces, no bien avenido, de imágenes,
sentimientos, búsquedas, anhelos, pasiones, silencios, soledades, resucitados
en los objetos que guardamos, como si al hacerlo, fuéramos a retener los
momentos que nos precedieron, que nos preceden, que nos procederán. Conjugar el
tiempo, requiere ser hábil con los espejos, no romperlos, ni llorarlos;
tan sólo inundarlos de sueños, que como puzles del pensamiento se unen sin
pedir permiso en nuestra memoria.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
El dolor
Nunca he tomado pastillas para combatir el dolor psíquico, que me ha
lacerado en multitud de ocasiones. Cuando me clava la lanza, suelo llorar sin
miedo, tranquilamente, en soledad. No me gusta tener testigos de mis lágrimas. Mi tristeza,
forma parte de mi austera intimidad, que nunca descifro. Me gustan los jeroglíficos
del sentimiento. Si algo voy aprendiendo con el paso de los años, es que el
dolor se supera, poco a poco, sin traumas, ni estragos. Las personas, que
amamos, que queremos, que invitamos a compartir nuestro tiempo en la vida, que
siempre es limitado; nos decepcionan, y eso atrae al sufrimiento; que invade nuestro cuerpo, hasta llegar al último reducto de nosotros mismos, que es nuestra sombra. El dolor no es fácil, pero si necesario, para avanzar hacia la
felicidad, encubierta en nuevas heroínas y héroes, que rescatarán nuestra sonrisa de la despedida.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



