martes, 7 de mayo de 2019

Sudarios de la costumbre

Cada día, hacemos las mismas cosas, que no nos atrevemos a romper. La sonrisa es peligrosa. Caminar del revés es de idiotas. Soñar con ser diferente es una calle sin salida. Volar desde la mirada perturba otras soledades. Cantar con la voz quebrada, por la duda, es motivo de cárcel. No nos permiten ser diferentes, nos dejan postrados, dentro de los sudarios de la costumbre, donde morimos a no ser que nos revelemos.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Otras soledades

Cuando voy a la Estación de autobús, me suelo fijar,  en las personas, en sus actitudes, en sus rostros. Algunos, parecen perdidos en medio de los andenes; escondidos, de la realidad, al lado de la marginalidad; asustados, de una sociedad, que los obliga a permanecer yacentes; cohibidos bajo la manta  de sus silencios. El hombre de la columna, hablaba con una mujer, sentada a su lado. No fui capaz de escuchar sus palabras;  pero si, de leer en su soledad, que no podía viajar hacia un destino sin tragedias, sin lágrimas, sin culpabilidad. Mientras los autobuses llegaban y se iban. La vida nunca se detiene ante el sufrimiento.


Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

lunes, 6 de mayo de 2019

Los dias mueren


Los días, se mueren con insuficiencia cardíaca del avance del calendario. Las estaciones pasan. El otoño, siempre llega. La nieve nos desvanece de frio. El calor, nos envuelve en la desnudez de los rayos. La lluvia, nos ahoga dentro de los recuerdos, que nunca vuelven. La melancolía de los sueños, nos trasporta a, viejas, fotos, en las que no nos reconocemos, tan solo envidiamos el tiempo; que ya, no nos pertenece;  que tal vez, desperdiciamos por pensar que eramos eternos, y solo  somos parte de la eternidad.
Ana Tapias( todos lso derechos reservados)©

domingo, 5 de mayo de 2019

Fingir

Me  exprimen de la silla, las, pequeñas, ciudades, donde todo gira siempre alrededor de las mismas personas, que se creen decisivas, importantes, imprescindibles, para el devenir de la de la cultura bajo las farolas; en las noches estrelladas;  dentro del arco iris;  al lado de las sombras;  en medio de los atascos;  al otro lado del jardín. Son personas, que solo te reconocen si eres alguien; sí, los puedes ofrecer algo a cambio de la gloria;  sí  les regalas halagos;  si  saltas con su ego a la comba; sí olvidas, que tu opinión no cuenta solo la tuya. Por eso, es bueno, ignorar su presencia, aunque eso te convierta en un limón social, sin la necesidad de fingir, como hace el resto

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Lágrimas de elefante


Los elefantes, lloran, en Birmania; donde son, vilmente, usados como animales de carga; donde son, brutalmente, desollados; donde son, cobardemente, asesinados. Imagino sus lágrimas, inmersas en el silencio de sus cuerpos grandes, orondos, vejados, por la tortura de no tener pensamiento propio; por ser parte de un sistema que esclaviza las partes de su cuerpo: piel, cuernos, genitales, trompa, que son vendidos en china; por ser, animales, sin alma, que se esconden en las selvas; por ser, fugaces, sonrisas que se fugan entre el dolor; por ser, instrumentos de consumo de los hombres.  Los elefantes no deberían llorar, ni morir  a manos de cazadores. Los elefantes deberían ser respetados, acariciados, soñados, formando parte de una sociedad sin violencia.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©


viernes, 3 de mayo de 2019

Espejos hambrientos de adiós

El saber mirarse, suele ser un arte, depende de donde depositemos la mirada, estaremos más o menos felices; más o menos estropeados; más o menos taciturnos; más o menos suspensos; más o menos sonrientes; más o menos inquisidores; más o menos agresivos. En la vida, todo cambia, todo se vuelve otro, todo se gira, nada permanece, el ocaso del cuerpo siempre llega, hasta  convertimos en meros espejos del ayer.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

miércoles, 1 de mayo de 2019

El paso del tiempo

El paso del tiempo, siempre deforma el recuerdo, que queda partido, fraccionado, succionado  abandonado de la memoria, que recurre a unas, viejas zapatillas, para fortalecer esas lágrimas que creía perdidas.
Ana Tapias ( todos los derecho reservados)©