martes, 16 de mayo de 2023

Anonimato del metro

 

 En un vagón del metro, todos somos dioses y demonios; todos somos héroes y verdugos; todos somos soles y lunas; todos somos amaneceres y atardeceres; todos somos nosotros y ellos; todos somos atractivos y feos; todos somos espejos y charcos. En un vagón del metro, las miradas se pierden entre rostros sin sentido, sin dirección, sin fin; que olvidaremos en la siguiente parada, cuando entren nuevas vidas a las que interpretar. Una mujer, llamó mi atención, rondaría los  sesenta y pico;  era alta, pelo blanco corto, gafas de  sol, manos grandes, pantalones rojos, sandalias con pies desnudos y uñas sin pintar; en un momento del trayecto, sacó una libreta pequeña y un bolígrafo, se puso a escribir ajena a las estaciones, a los silencios, a las pausas, a los paréntesis; se concentró en su soledad, para no perder el equilibrio de estar viva, de seguir soñando, de ser fiel a su vocabulario. No puede observar su mirada, permanecía escondía detrás de unos cristales opacos, que encerraban el misterio de su osadía, de ser una escritora, en busca de un destino, que llegó, para seguir la senda de las palabras, que la condujeron a una calle, donde volvería a ser ella.

 

 Ana Tapias( todos los derechos reservados(©

Fantasía


 

Iba caminando, sin pensar en nada; con dolor de espalda; atrapada en la imagen de siempre; cuando, vi una cola de gato, que casi me asusta, que se introducía, por un pequeño espacio; me quedé perpleja, me quedé hipnotizada, me quedé en estado de shock; al darme cuenta, que la vida, se escapa por diminutas ventanas, adonde nos cuesta asomarnos por miedo. Todos tenemos miedos, que nos contagian, que nos difuminan, que nos vencen, para dejar a un lado del horizonte, nuestros sueños; que son pequeñas gotas de esperanza, que nos invitan a seguir luchando, en un mundo efímero, donde la certeza es una utopía, como el gato y su cola, que tal vez existan, o tal vez, fueron una fantasía de mi rutina.

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lunes, 15 de mayo de 2023

Clandestinidad del momento

El instante, se diluye en la clandestinidad, para no ser descubierto, para sobrevivir al mañana, que lo ahoga, que lo inunda, que lo arroga, a la basura de la felicidad, o de la tristeza; donde agotado, donde somnoliento, donde lloroso, sueña con ser libre de la memoria, que lo empuja hacia el abismo del olvido.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)
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Espera para tomar el bus


Esperar en una cola, para tomar asiento en el bus, siempre es inquietante; siempre es nostálgico; siempre es abrumador. Los minutos, parecen que no pasan, que se detienen, que se jubilen, junto a nuestra esperanza de llegar a nuestro destino, a seguir con nuestras vidas, inconclusas, de sueños; cargadas de matices; entregadas a la supervivencia, de nuestros cuerpos derrotados por el paso del tiempo; que nos acucia a ser valientes, a no detenernos, a mirar sin miedo, a lo que nos espera. Llega un instante de la espera, donde todos nos interrogamos a todos; intentando adivinar la felicidad o la infelicidad, en sus rostros; las hipótesis, abarcan nuestras neuronas, que se entretienen dibujando cuerpos, a los nos pegamos, unos minutos, para ser sombra de sus actos. Aparece, el conductor,  abre la puerta para acceder al bus y volvemos a cargar con nuestras mochilas.

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jueves, 11 de mayo de 2023

Jueves de mercado


Mi abuela, en sus últimos años de vida, sólo preguntaba dos cosas ¿Cuándo viene la Gloria? Gloria, era su peluquera de toda la vida; una mujer maravillosa, cuidadosa, charlatana; que era alegría, cuando venía a casa a peinar a mi abuela (solo unos meses antes de morir, perdió las ganas de verse bien); la otra pregunta de mi abuela era ¿Es jueves? Los jueves, es el día del mercado, en la zona centro de Segovia. Mi abuela, cargada con su salero innato, salía de casa, dispuesta a buscar las mejores frutas y verduras; tocaba todo lo que compraba y siempre decía la misma frase” Espero que esté bueno”, sino al jueves siguiente, ya se encargaría, de decirle al frutero, lo que no le había gustado. Ir a la compra, para mi abuela, era como volver a su infancia, donde ayudaba a su abuela a vender ajos, en la plaza mayor de Segovia; ir a la compra, para mi abuela, era como sentir que su voz, sonaba como si fuera el eco del puesto de la fruta; ir a al compra, para mi  abuela , era como gravitar sobre la abundancia, de la que careció en su infancia, en su adolescencia, y en los años de la dictadura. Cada jueves, acudo a la cita de la compra, con la mano apretada de mi abuela; siendo aquella niña, que disfrutaba, que saboreaba, que alardeaba, de ser la nieta, de una mujer, entregada en llevar a casa, fruta, verdura, fresca; que ayudaran a mi abuelo, a disfrutar de la comida, y a olvidar el cáncer que le consumía.

 

 

 A la memoria, de mi abuela Encarna, mi Encarnita; te quiero abuela.

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El olvido


 

Una bolsa, en medio de una carretera, de una capital de provincia.  pequeña; monótona, silenciosa; una ciudad, entregada al olvido de las clases dirigentes, que la apartan de las inversiones, por no ser lo suficientemente importante, para ser decisiva entre los votantes; quienes combinan papeletas,  para ser parte de la soberanía popular; que acumula sueños, anhelos, esperanzas; que no entiende, una bolsa destinada a ser parte de un paisaje, que anhela que llueva para llorar con el consentimiento de la vida; que se nos escapa, lentamente, detrás de nuestras pupilas, que surcan mundos sin explorar, que nacen, que crecen , que mueren, dentro del corazón, que surca horizontes, que besa interrogantes, que susurra utopías, que vuelan como si fueran una bolsa, abocada al olvido.

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miércoles, 10 de mayo de 2023

Surge la esperanza


 Mi amiga, Fuencisla, me ha mandado esta fotografía; hace unos días, recibí otra parecida, donde se apreciaba a capullos de amapola (una de mis flores favoritas en primavera), que han florecido. La vida se alza, en un mundo, con trazas de dolor; que la incipiente flor, ha de esquivar, junto al miedo, a la incertidumbre, a la muerte; de aquellos, que dan sentido a su existencia; tal vez, lo logre; tal vez, no; pero siempre, quedará en ella, una sombra para la esperanza

A mi amiga Fuencisla, por su amistad.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Foto, cedida por Fuencisla.