lunes, 29 de julio de 2024
A lo lejos un gato
jueves, 25 de julio de 2024
Desaparecidos
Leo periódicos atrasados, forma parte de mi sentimiento de ser participe del mundo, que me impulsa a enterarme de la realidad, no solo la de mi espacio interior y exterior, sino también la de la realidad que cruza fronteras hacia países que nunca viajaré, pero que existen. Me encuentro con una noticia del 28 de enero, publicada en el diario “ El Mundo” titulada” La desaparición de los jóvenes que se alzaron con folios blancos”, que me lleva a China, en concreto a la provincia de Wuhan; donde jóvenes se manifestaron en contra de la política de” Covid cero”; que enclaustró a millones de personas en China, pero solo unos cuantos héroes, decidieron quejarse, olvidando que sobreviven en una dictadura, donde nadie piensa, donde nadie vive, donde es libre. Sus cuerpos no sabemos si vivos o si muertos, pertenecen quieran o no quieran, las autoridades chinas a los santos laicos del pensamiento; cuyas almas vagaran errantes por la intolerancia de un país, que agoniza entre suspiros de libertad.
© Todos los derechos reservados) Ana Tapias
Entrevistas
No suelo escribir sobre las entrevistas que leo, pero hay algunas
que se cuelan dentro de mi corazón; una de ellas, es a Álvaro Pombo, publicada
por el diario" El Mundo" el día 28 de enero de 2023; a raíz de la
publicación de su libro" Santander, 1936” (libro que leí hace meses con
entusiasmo y con voracidad) En la entrevista, Pombo, se define sobre todo como
poeta. Poeta al que leo, a través de sus ojos cansados, de sus manos enérgicas,
de su voz invisible, atrapada en mi fantasía; que dibuja la vida de un hombre
que abraza la soledad, junto a la que morirá, en su mundo de abecedarios, cuyas
fronteras delimitaremos sus lectores.
© Todos los derechos reservados) Ana Tapias
jueves, 18 de julio de 2024
Un limón
Un limón, desnudo, permanece inmutable, solo, desarraigado,
en medio de un frigorífico; que anhela ser parte de las fronteras humanas, que
se desdibujan, que se desvanecen, que se exilian, al otro lado del silencio;
donde un limón sin vestiduras, sabe que pronto será eliminado, para dar
condimento a las vidas tristes, de aquellos, que necesitaron de su esplendor
para seguir caminando en un mundo con acidez de olvido.
martes, 16 de julio de 2024
La casa de la vecina
Salía
como cada día, a darme un paseíto hacia mi paraíso, donde la soledad, donde la
tranquilidad, donde el deseo, de ser libre, me atrapan cada atardecer; cuando
oí mi nombre en la calle; alcé mi mirada y encontré a la vecina, con la que
comparto terraza. El jueves pasado, venía del mercado con mi padre, cuando
vimos una mujer tirada en el suelo, era ella, la vecina; cruzamos de acera y
nos acercamos; sangraba mucho por la nariz y por uno de los párpados. La
señora, que la apretaba la hemorragia, me dijo, que se mareaba, así que, tomé
el relevo; y apreté la nariz, y el párpado. Había mucha sangre en el suelo,
pero parecía que no había perdido la consciencia. Intenté calmarla, la
dije" Soy Ana, la vecina, que te quiere, tranquila, que todo va a salir
bien"; llegó la ambulancia, la vendó la cabeza y se la llevó al hospital;
cogimos su carro y su bastón, y nos lo llevamos a casa. Horas más tarde, su hija,
a través de la terraza, nos dio las gracias, y la devolvimos el carro y el
bastón. Me dijo, que subiera a casa; lo
hice. Su cara, era un cardenal. Me impresionó su rostro, atacado por la caída,
pero su voz, permanecía intacta, con su simpatía y su genialidad. Me ofreció
dos pastas, y, otra diminuta de chocolate. Por un momento, pensé en mi amor de
la infancia Lorenzo; sus abuelos vivieron en esa casa, hasta que se murieron.
Me contó cómo se sentía; le dolían los hombros; se había roto un hueso de la
nariz, y, para terminar, me enseñó la casa, y nos asomamos a su terraza, que
forma parte de mi rutina de supervivencia. Al otro lado del cristal de su casa,
observa nuestras cosas, como si fuera una espectadora de otra vida, no la mía;
mi ropa tendida: mi sujetador y dos camisetas, que había lavado hacia unas
horas sin mucho entusiasmo, me devolvieron a mi cuerpo, a mis circunstancias,
que intentaban ser fieles a mi corazón; que abrazó a mi niñez y a Lorenzo. La
vecina, se despidió diciéndome que ya había tomado su casa, pero hice algo más
que eso, viajé a mi infancia, donde me aguardaba mi fantasía de una vida junto
a Lorenzo, que nunca se ha desvanecido, pese a la lluvia.
domingo, 14 de julio de 2024
Soledad
Dentro del atardecer, se cuela una gaviota que sueña con ser
libre frente al mar; que la busca, que la persigue, que la acosa, para que
vuele sin miedo; para que acaricie el olvido; para que despierta a la fantasía;
que recorre su soledad, que se ancla al horizonte, donde su sombra será ayer.
Ana Tapias.
Observar la despedida
© Todos los derechos reservados
Ana Tapias.



