
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©
Copos de nieve, caen en silencio sobre la soledad de
la ciudad; que finge abandono del pasado; que es un horizonte en blanco y
negro, donde sonríen los recuerdos, que se tambalean entre suspiros de un
mañana entregado al devenir de los sueños sin espejo
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El olvido, se asemeja a una hoja perdida, que se resiste a volar entre los árboles desnudos de sueños, que cantan a un mañana sin conciencia, que abraza al destino como si fuera un espejo sin cristal
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Cada atardecer, el silencio bruscamente
enmudece, pero antes intenta expulsar una última palabra, fría, inhóspita,
desaconsejable, que sobrevuela sobre el latido de los valientes, que se atreven
a soñar en un mundo sin esperanza
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El horizonte se cuelga de nuestras miradas,
que arrastran ecos de optimismo; que besan susurros de pesimismo, exprimidos en
nuestros vestidos que destellan eternidad bajo la sombra de la memoria
Las hojas, caen sin destino apropiándose del
olvido, que busca no ser reconocido en el horizonte, donde llorará su
decadencia escrita en un tiempo pasado, sin bautizar
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En una pila de fregar, lloran ausencias: hojas sin destino; frutas envejecidas; el reloj deforme del bisabuelo; una vieja fotografia heredada; son arquitecturas del ayer, cuyos biografías están escritas en el silencio, donde nadie, recordará sus victorias ni sus derrotas; donde nadie, adivinará sus risas ni sus lágrimas;
En un viejo cajón, en la concina, de mis abuelos
maternos, yacen olvidados los alicates de mi abuelo. Un hombre con manos de
artista, que acariciaba los objetos para crear belleza, en una sociedad en
blanco y negro. Rebusco dentro del cajón, para abrazar la memoria de mi abuelo,
escucho su voz; sus palabras son abecedarios de mi infancia, que llora en mi
madurez contra la desmemoria del tiempo, que devorará mi ayer
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Hojas se deslizan hacia la nada, buceando
en otros mundos, donde no ser ayer; donde reinventarse; donde reciclarse en el
mañana, para ser memoria en blanco y negro de un destino sin bautizar
Momentos de parque que crean silencios;
que buscan palaras; que inventan recuerdos del ayer; donde mis sobrinos soñaban
con abrazar el sol, sin quemarse, con el olvido del mañana. Momentos de parque
teñidos, disfrazados, dibujados de otoño, que es despedida del tiempo donde sus
voces de niños, se escondían detrás de los árboles para volar hacia la
eternidad.
Con infinito amor a mis sobrinos. Os quiero
mucho, mucho, mucho.
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La memoria se esconde como si fuera una castaña, que cada
otoño, cae al olvido; desde donde llora su ausencia; desde donde crea velos de
nostalgia; desde donde renace al destino; que dibuja formas destinadas a
ser enterradas una y otra vez, hasta que nadie las incluya en su catálogo de
suspiros
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El horizonte es arquitectura para el
olvido, que cierra sus persianas en cada anochecer, donde los seres sin
destino, se abrazan al mañana para distinguirse del silencio; que escribe palabras
sin acentos, sin comas, sin puntos, donde la soledad erosiona las miradas
arrugadas de los supervivientes
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El sol me acompañaban en mi paseo, cundo empezaron
a caer pequeñas gotas abrazadas por el
sol que me obligaron a cobíjame bajo el paraguas de mis sueños; que anhelaba la salida del arco iris, par a dejar
de llorar y esbozar una leve sonrisa de esperanza en un mañana sin contaminar,
donde sea a libre de elegir mi camino
Para la paloma de la fotografía, es fácil mantener el
equilibrio y no caerse al vacío, pero para los seres que caminamos absortos
en nuestras preocupaciones, es difícil seguir la línea recta del silencio, sin
hablar de nuestros sueños rotos; de nuestras ternuras exiliadas; de nuestras
derrotas no esperadas, que se balacean incansablemente en nuestra memoria de la
supervivencia, que carece de alas
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Deterioro de un pera,
que espera ser devorada por el silencio, por el olvido, por la melancolía,
que es un calendario de arrugas, impreso en un destino sin mañana
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Cuenta atrás de una ciruela, somnolienta,
vieja, que presiente su inminente despedida, que culminará en un cuerpo ajeno,
hastiado, vulcanizado por la rutina, que saltará sobre el hambre; que es
guillotina para sus sueños, que inician su exilio hacia el olvido
La distancia se aproxima en el atardecer,
donde los objetos se insinúan antes de desaparecer y formar parte del ayer,
donde un horizonte caníbal amenazará sus sueños hasta dejarlos sin color,
inmersos en la cercanía del olvido
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Esperar en silencio, la llegada del
destino, que se aproxima invisible al encuentro con el presente; que es olvido del
pasado; que es incertidumbre del futuro, cuya voz es eco dormido.
La melancolía vencida, derribada, ajustada,
se desliza sobre el paisaje, acariciado por nuestra mirada, que llora junto a
nuestros sueños, el tiempo pasado que no volverá; que hemos de enterrar con
nuestros huellos humillados, por la desmemoria del mañana.
La ilusión se desvanece, cada atardecer, para
ser devorada, dominada, envuelta, en la noche, que susurra olvidos; que fulmina
esperanzas; que fulmina nuestros sueños; que lloran sin destino en un mañana
incierto.
El olvido es un plato desfigurado, que se dibuja, cada amanecer, en el frio de las circunstancias; que son devoradas por rutinas
sin bautizar, hambrientas de un mañana, que como todos los mañanas es un suicidio
de la esperanza; que llora aterida a sus sueños; que suspira encadenada a la soledad;
que canta envuelta en el destino, que es una fantasía de la memoria que vuela hacia
el horizonte.
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El recuerdo se dibuja, cada otoño, bajo
las anónimas castañas, que se hacen viejas; que se vuelven vulnerables; que
rozan lo efímero al abrazar el suelo; donde inician el viaje hacia su destino; que
se unirá en el tiempo con el olvido; que llorará, en cada persona, sin nombre que
sueñe en el ayer.
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Ha muerto Robert Redford( 1936-2025), mi
amor de la adolescencia. Mi libro de literatura azul, no recuerdo si era de primero
de BUP o de segundo de BUP, estaba forrado con las fotos de Reford, en la película”
Memorias de África” Roberto, calmaba mi sufrimiento, por el acoso que sufría de mis
compañeras (adolescentes repletas de espinillas, que disimulaban con potentes
maquillajes y polvos) Mis lágrimas eran escuchadas por la dulce mirada de
Roberto; quien me rescataría de mi dolor, para llevarme junto a él. Nunca
viniste a por mí Roberto, y sufrí acoso durante cuatro largos años, que aún me persiguen, pero
fuiste lo mejor de aquellos años, y nunca te olvidare.
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Al dolor de la monotonía, se suma
el recuerdo que añade océanos de lágrimas, que se desvanecen en el horizonte; donde
los sueños cantan al mañana; donde las pesadillas escapan en la noche; donde las
esperanzas vuelan en la distancia, que se disfraza de catedral gótica, que reza
a la memoria.
El momento no es fácil, es agresivo, es impetuoso,
es acosador; fulmina nuestros sueños; que cambian de ritmo al compás de nuestra
vida; que baila, que grita, que llora, que insulta al mañana, cuando se desvanece
abrazando al destino
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El tenebrismo de los abecedarios, crea, destruye,
inventa palabras, que brillan, que oscurecen, bajo la rutina que nunca es justa,
que nunca es perfecta, que nunca es sana; que dibuja sentimientos en la
incertidumbre, que se alza en el momento para perpetuarse en el silencio.
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Llevo varios días con una crónica sobre mi mesa de trabajo, que sobrevive inmersa en la incertidumbre (pero siempre firme en mi deseo de escribir sobre lo que emociona) Desde que empezó la guerra de Ucrania, leo las palabras de Alberto Rojas (1977) en el diario” El Mundo”. En mi vagabundeo intelectual entre libros y periódicos, que acumulo en mi cuarto de dormir( tal vez, padezco el síndrome de acumular historias; que no sé si tiene un nombre bautizado) Ante mis ojos se alza un articulo del 8 de febrero de 2025, titulado” Viaje a la frontera de Kursk”, a su relato se suman dos fotografías de militares; la fotografía más pequeña, se encuentran tres hombres con uniforme militar, sentados en un refugio, donde sujetan la esperanza; donde coquetean con el miedo; donde lloran incertidumbres; en la fotografía más grande, se encuentran tres hombres con uniforme militar de pie, rodeados de nieve; detrás de ellos, nos topamos con un tanque; dos de ellos, se abrazan de manera visible; el tercero es mas recatado con su hombro. Alberto Rojas, escribe en directo su miedo; vigilado por un dron; acariciado por la soledad de los pueblos abandonados por la inhospitalidad de la batalla; que se prolonga sin fin por sus cuerpos derrotados; por sus almas vencidas; por sus sombras perseguidas, sin saber, si su corazón dejara de latir en medio del olvido, que Rojas esculpe en abecedarios que se leerán en el mañana
Confidencias a media tarde, cuando el sol
cae y se impone el silencio, que explora palabras, de dos viejos conocidos, que
anhelan esparcir sus sueños, en otros cuerpos, para calmar sus
incertidumbres; el hombre, escribe, en sus momentos de inspiración; la mujer, se
atraca de cultura; asiste a charlas; acude a presentaciones de
libros; visita exposiciones de pintura. El hombre y la mujer, lazan sus pensamientos al
universo, donde serán escuchados por el tiempo, que les encarcelara en el
olvido
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El paisaje se funde en nuestra mirada; que
camina lentamente en el ayer, que interroga a los que se fueron, si quieren volver
o prefieren ser almas, que acompañen a los viajeros en sus palabras como si
fueran sombras del ocaso; que se alimentan de momentos para sobrevivir a su olvido; que es el destino de quienes cantan al silencio para no morir para siempre.
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