Atrapar la luna, en un atardecer de abril, parece complicado, casi imposible, una utopía sin escalera, pero con una cámara de fotos, la luna parece una silueta con nombres y apellidos, que forma parte de nuestra lista de cosas bellas, a las que suplicar que no mueran con el paso del tiempo; a las que rogar que luchen por sobrevivir en medio del olvido; a las que implorar que acaricien la fugacidad del momento, donde nuestros ojos, se sientan abrazados por sus destellos, y así puedan seguir soñando con formar parte de ella.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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