Mis pies notaron un cosquilleo incómodo, sencillo,
sugerente; era hormigas, insignificantes, tranquilas, amables; caminaban
tranquilas, sosegadas, entregadas, a su supervivencia,
que iban de un lado a otro, para construir sus sueños; que sumaban sin
miedo, entusiastas, llevadas por la necesidad de ser libres en sus abecedarios;
que mis ojos, leían con analfabetismo, pues mis vocales y mis consonantes,
permanecen amarradas al tiempo, que ha olvidado soñar.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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