No sabía cómo titular este momento, que ocurrió en la procesión de Viernes Santo, en mi ciudad; donde un paso, se abría camino entre la lluvia; que es desgarradora, que es cruel; que es asesina, con las obras de arte; que han de ser cubiertas, con plásticos, para no languidecer; para no desfallecer; para no morir en las calles: que rezan la memoria del Cristo yacente, que llora su olvido; custodiado por hombres sin rostro; arropado por hombres con paraguas; vigilado por sombras sin destino; que enmudecen en medio de la despedida de una procesión, que no terminó.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

No hay comentarios:
Publicar un comentario