Cada madrugada, abrimos los ojos como si fuera fácil, pero no lo es; en realidad es un pequeño acierto de nuestro cuerpo, que acechado por el destino, se mantiene en pie; camina; opta por resistir; en vez de perseguir al olvido; donde el tiempo, asesina, mata, conspira contra nuestro recuerdo; que en un alarde de heroicidad, sonríe en las fotografías, que nos hicimos, adornados por un soplo de vida; que se escurre en el calendario, para ser perseguido, por aquellos, que años después de nuestra muerte, nos contemplaran en silencio; con amabilidad; quizás con ternura, por saber que sobrevivimos amarrados al mañana.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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