lunes, 10 de octubre de 2016

El sentido común

El sentido común me falla, cuando me pierdo en el bosque como si fuera Pulgarcito buscando el camino de vuelta a casa. Estoy perdida en medio de la vorágine diaria. Ella, sentada en una silla, me escupe con su indiferencia. No sé qué decirla para que me hable, para caerla bien, para que su desprecio no  agujereé mi ánimo, ya debilitado, por la contaminación de la rutina. Sonrie, gesticula, verbaliza, lo feliz que es ante las demás. Pulgarcito ha sido engullido por el ogro, nada  puedo hacer.  He de recuperar mi sentido común.
Ana Tapias

domingo, 9 de octubre de 2016

Wahida Mohamed

Wahida Mohamed, es una iraquí de 39 años. Ha pasado de ser una ama de casa  a comandar la brigada "Um Hanadi" que lucha contra el ISIS;  a cuyos miembros cuando captura "decapita y cocina su cabeza".  Me cuesta entender desde la tranquilidad de una sociedad que no me oprime;  su odio, su crueldad, su venganza.  A mi, no me han matado a dos maridos, ni a seis miembros de mi familia; ni vivo asediada segundo a segundo, por una guerra con unos combatientes que me degollarían, torturarían, vejarían. La violencia conduce a violencia, es difícil decir  "No", cuando todo tu mundo gira en torno a ella.
Ana Tapias

sábado, 8 de octubre de 2016

Envejecer

Esta sociedad no nos deja envejecer con comodidad, con dulzura, con acomodo a la realidad. Abrimos una revista y encontramos  cremas, potingues, pócimas para las arrugas;  mujeres estiradas que carecen de expresión;  canas ocultas bajo tintes que decoloran los pocos pelos que nos quedan. Estoy segura que mis bisabuelas, mis abuelas, se hicieron mayores con dignidad, sin necesidad de afeites que les conminaran a parecer lo que no eran: jóvenes. Hemos de rebelarnos de la tiranía de parecer quienes no somos, de caminar si nos cansamos, de reír si lloramos. La vida es tan breve que merece que seamos fieles a nuestra dignidad.
Ana Tapias

viernes, 7 de octubre de 2016

Olvidar

Inmersa en mis múltiples pensamientos, me encuentro en otra habitación de la casa, he ido a coger algo que me hacia falta.¿ Qué era? Me pregunto desconsolada. Miro a un lado a otro de ese cuarto, no veo nada. Me siento poco ágil, poco rápida, cien por cien insegura,  en un planeta al que no sé cómo he llegado. El desconcierto, me hace pensar que estoy loca, que la edad me ha dejado fuera de la hoja de ruta del recuerdo. He de hacer algo, siempre hay que hacer algo para que no te acusen de vaga, de poeta, de vagabunda. Salgo del lugar, me reencuentro con mi destino que me lleva a lo que buscaba.
Ana Tapias

No hay otoño

Caminaba con los potentes rayos de sol sobre mi piel; miré, al lado del derecho de la carretera, se escondía un jardín de hojas secas. No había visto tantas hojas en todo lo que llevamos de Octubre. Pensé que no había otoño;  que sería romántico dejarse cubrir por las hojas que caían de los árboles. Seguí mi camino envuelta en la nostalgia;  encontré  una hoja, atrapada, en una verga metálica;  la podía haber cogido, para guardarla, pero no quise ser incubadora de hojas;  la dejé en manos de su destino. Adormecida por el frio soñado, frotaba mis manos, mis pies ateridos no resucitaban, por mi boca salía humo. En la Calle Real, un olor me acercó a mis otoños de niña; donde la ilusión decidía el rumbo de mis pasos. La castañera, un ser extraño, aparecía cobijada bajo un moño; sus manos grandes, negras, azuzaban  el mango de unas tenazas en un sartén, las castañas debían estar fritas por todos sus lados. Pedía a mi abuelo, Leoncio, que me comprará castañas. Mi abuelo, pagaba  cincuenta pesetas por doce.  Despegaba la cascara, que se deslizaba hacia el suelo. Mi nariz cambiaba de color, mi cuerpo bailaba, mis dedos salían de dentro de mis bolsillos.  ¡ Eran otros octubres!
Ana Tapias

Mujer asesinada en Arévalo

Se llamaba Mónica, tenía 33 años y dos hijas pequeñas. " Presuntamente" la ha matado su pareja. He perdido la cuenta de las mujeres rotas, que se han quedado en el camino.  La sociedad se esconde en los escaparates, donde el glamour es la testosterona de la vida de consumo, que los lleva a caminar deprisa para no pararse a pensar en el dolor ajeno. El sufrimiento, invisible, de tantas mujeres, ha de ser visibilizado. Hemos de alzar la voz  ante  la violencia de género.¡ No más muertes de mujeres! Yo condeno.
Ana Tapias

jueves, 6 de octubre de 2016

La muerte

Cuando vamos a un entierro, nos topamos con un ataúd de alguien a quien conocimos, tal vez amamos, o respetamos. Pensamos que nuestra muerte está lejana, no es cierto;  nuestra muerte está  debajo del sombrero;  ese que no levantamos por miedo a no dejar de  llorar;  a aceptar que nada tiene sentido; que el sufrimiento es una hipoteca sin sentido. 
La muerte, nos empuja a soñar;  a crear otros mundos cubiertos de esperanzas, de hojas, de nubes, de casas, de zapatos nuevos, de corazones escritos en la corteza de los árboles, de lluvia que no empapa, de nieve que no está fría, de amigos que nunca nos traicionan, de compañeros que nos ayudan, de heridas que se cierran. La muerte domina todos nuestros deseos, pero, no lo aceptamos.
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Ana Tapias