Se llamaba Mónica, tenía 33 años y dos hijas pequeñas. " Presuntamente" la ha matado su pareja. He perdido la cuenta de las mujeres rotas, que se han quedado en el camino. La sociedad se esconde en los escaparates, donde el glamour es la testosterona de la vida de consumo, que los lleva a caminar deprisa para no pararse a pensar en el dolor ajeno. El sufrimiento, invisible, de tantas mujeres, ha de ser visibilizado. Hemos de alzar la voz ante la violencia de género.¡ No más muertes de mujeres! Yo condeno.
Ana Tapias
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