lunes, 20 de abril de 2020

Primavera encadenada

La primavera estaba ansiosa por llegar,  por ser vista, por ser escuchada, por ser amada, por ser diferenciada del invierno, pero, el virus, la ha vuelto transparente, la ha postergado al olvido, la ha marginado a la indiferencia, la ha encadenado a las lágrimas de la población, que busca flores desesperada para oler la vida.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

domingo, 19 de abril de 2020

Agonía de una forma vida


No sé, si después de pasar a esta pandemia, que nos ha confinado en casa;  que nos ha obligado a vernos por teléfonos, por tabletas, por ordenadores; que nos fulmina la cercanía; que nos impide pasear sin mascarillas, volveremos a ser los mismos.  Ayer, al entrar en el ascensor con la compra, el vecino, mi vecino, de toda la vida, se separó de mi un metro, para hacer lo establecido, para seguir las nuevas normas, para evitar que nuestros cuerpos se juntaran en un mínimo espacio y hablar sobre el tiempo. El virus, maldito virus, irremediablemente, ha cambiado nuestra forma de vida, de sentir, de amar, de formar parte de la sociedad. Tal vez, pronto lo superemos y no nos intimide el contacto humano; o tal vez, nunca volvamos a ser los de ayer, y estemos viviendo una lenta agonía de nuestras costumbres.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

sábado, 18 de abril de 2020

Comprar con distancias

Antes del Coronavirus, en la tienda, éramos todos iguales, ahora somos todos diferentes. Somos sospechosos; somos delincuentes; somos agentes propagadores de un virus, que nadie, sabe de dónde ha salido; que nadie, conoce cómo eliminar; que nadie, intenta abrazar; por eso, los carros son llenados  por manos invisibles;  por eso,  las mascarillas atascan las palabras; por eso,  el dinero se vuelve perezoso dentro de  los bolsillos;  por eso, la cajera lleva guantes de metal; por eso, los alimentos caminan bajo la orfandad de las ciudades, hacía hogares, donde el miedo contagia hasta la esperanza.



Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

viernes, 17 de abril de 2020

Vencer al recuerdo


Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Útilmamente , hasta las viejas fotografías, se disfrazan con guantes y mascarillas, debido al miedo que tenemos a contagiarnos. Lavamos, desinfectamos, acuchillamos la memoria, para sobrevivir , en el silencio. de nuestros muertos; todos seremos muertos; todos ocuparemos un espacio, de soledad, dentro de  los cajones de nuestros familiares. Quienes para seguir caminando,  sin lágrimas, bajo la mirada, vencerán al recuerdo y sellarán con una sonrisa nuestra ausencia.
A mis cinco sobrinos, que espero me recuerden, os quiero.


jueves, 16 de abril de 2020

Recortes de periódicos

En estos días de soledad, sombras y confinamiento, me reencuentro con mis libros de papel, aparcados, abandonados, olvidados en estanterías, cubiertas de polvo y de distancias, que son autopistas hacia al ayer. Abro mis libros, en un intento de volver a ser aquella mujer; de recuperar las palabras; de sentir el aliento de la narración, y descubro recortes de periódico que me parecieron vitales. Ojeo uno titulado" Homenaje a los Brigadistas Internacionales en el Jarama" del 23 de febrero de 2008. Combatientes británicos e irlandeses, quienes,  detuvieron a los tropas sublevadas, en el valle del Jarama, siendo asesinados, muchos de ellos. Y pasados tantos años, del fin de la Guerra Civil, los españoles, volvemos a tener miedo, no a las bombas, ni a los proyectiles, sino a un virus, que se adentra en nuestros cuerpos como un arma letal, y para el que fabricamos, barricadas, en nuestros salones de estar;, adonde el aire no llega; adonde el tiempo se detiene; adonde las voces de los vecinos, se han convertido en la mejor noticia. Algún día, alguien leerá con pavor, con estremecimiento, con pena, la agonía de una sociedad enferma, y como he  hecho con los brigadistas internacionales, los llorará en su corazón.


Ana Tapias( todos los derechos reservados(©

miércoles, 15 de abril de 2020

La rutina del confinamiento


Levantarse sin despertador, desayunar sin prisa, comer con cucharas de mascarillas, con tenedores de guantes, con cucharillas de afectados, con cuchillos de muertos,; quiénes se cuelan en nuestras digestiones. interminables, cada tarde, pegados a series de televisión, que nunca veríamos, sino fuera por el tedio de perder el sentido del tiempo sentados en el sofá que pertenece al desaliento, a la angustia, al latido incontrolado A las ocho, salimos al balcón, para hacer arrumacos a los vecinos, que se visten de gala, para aplaudir, para saludarnos y hacerse los fuertes. A las nueve, los telediarios nos mienten sobre la cifra de fallecidos. Hemos decido, que queremos que nos mientan, para atenuar nuestro miedo, que se desangra, lentamente, en brumosas pesadillas, que nos despiertan cada mañana.




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martes, 14 de abril de 2020

Melancolía de mi rostro



Cada vez, que salgo de casa, solo lo hago por obligación; mi rostro, se desdibuja, entre los latidos de mi mascarilla; que, en estos días de virus, se ha convertido, en una parte visible de mis facciones.  Mis mejillas, mis pómulos, mis labios, mi nariz, mi mentón, se han vueltos invisibles, en mi rutina sin formas; se han contagiado del silencio de las calles; se han trucado, de olvido, dentro de un paisaje con hombres, con mujeres, que vagaban por las calles, perdidos, ausentes, espectrales, buscando un lugar donde no tener miedo; anhelando encontrarse con ellos mismos; dibujando la esperanza en su melancolía



Ana Tapias( todos los derechos reservados)©