En estos momentos, donde nos han confinado en nuestras casas, sin darnos otra solución para frenar el avance de la pandemia; salir a la calle, se ha convertido en un acto de valentía, de osadia, de libertad; por eso, los que tenemos la obligación de salir para ir a la compra, al Centro de salud, a la Farmacia, vamos saltando obstáculos que se asemejan a rostros compunjidos; a formas desdibujadas por el dolor; a cuerpos soterradoss a la incertidumbre de la rutina; a sombras inmersas entre sus recuerdos; a muertos sin enterrar en la memoria; a esqueletos que claman justicia. Los que hemos de salir a las calles, al menos, podemos, pararnos un segundo eterno, para abrazar el horizonte, y no caer en la derrota.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©martes, 12 de mayo de 2020
lunes, 11 de mayo de 2020
Paisajes desvaidos
El paisaje llora, en nuestras breves salidas a las tiendas de barrio, que se esfuerzan, por llegar a los hogares, hambrientos, famélicos, esqueléticos, humanizados, apostatas de la nostalgia, que se cuelga, de los viejos carros, cargados de frutas con olor a campo, de verduras con sabor a salud, de latas, en conserva, con metáforas de supervivencia. El paisaje desvaido, en nuestras miradas, llora el dolor de los que se fueron sin despedirse, de los que se quedaron sin sonreír, de los que aman sin colgarse de los abrazos. El paisaje calla, dentro de su verborrea de recuerdos.
Con todo mi amor, a mis sobrinos, os quiero.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
sábado, 9 de mayo de 2020
Planchar el covid
Tal vez, mi bisabuela, Flora, supiera planchar el
virus, que ha contagiado nuestra ropa, sin lavar, ni centrifugar, ni
secar; que ha pasado a formar parte de nuestra rutina de arrugas, que
lloran, las pérdidas de familiares, de amigos, de conocidos; que nos distancia
en las calles de los vecinos. Imagino, a mi bisabuela, atacando la dureza
de la supervivencia, viuda, con tres hijos pequeños; sujetando sin vacilar la
plancha; que ahora, se cubre con una mascarilla de miedos, de dudas, de
interrogantes, de incertidumbres, de un presente, incierto, insumiso,
imposible, para tantas miradas, que buscan consuelo, en los viejos
recuerdos para olvidar, los pliegues, del sufrimiento.
viernes, 8 de mayo de 2020
Melancolía de manos libres
Mis manos, viven encarceladas, enclaustradas, encadenadas
a un virus, que he pasado, que he sufrido, que he vivido. Mis manos.
libres de la enfermedad, no pueden acariciar superficies familiares; ni sentir
el latido, de las piedras, de mi ciudad; ni besar, cercanías, que se convierten
en invisibles a mi tacto. Mis manos, han de conformarse, con atrapar el
horizonte con unos guantes de plástico, para poder ser libres algún día.
jueves, 7 de mayo de 2020
Dormir junto al recuerdo
En estos días, de soledad, entre paredes que no
hablan, que solo escuchan mis lamentos;
de confinamiento, junto a fotografías, en blanco y negro, que observan sin entender mi
dolor; de adivinar sombras entre las calles ,que huyen presas del miedo a
que las contagie. El momento donde me escabullo de esta opresiva realidad, es en
mi cama. Cierro los ojos, abrazo, el, viejo, sifón que mi abuela, Encarna, iba
a recargar a la bodeguilla de la señora María, y sueño que soy aquella niña,
con trenzas, que saltaba sin parar a la comba; aquella niña que imaginaba
cuentos; aquella niña, que quería ser mayor subida a los zapatos de tacón de su
madre. Pero, me despierto, sola, desmemoriada, y vuelvo a mis lágrimas.
martes, 5 de mayo de 2020
Sueños de la nueva rutina
Hay días, que creo que, aún, no me he
despertado de un pesadilla; que mis manos aún me pertenecen; que acaricio superficies
sin guantes; que soy valiente, por respirar el aire puro; que no he de obedecer
a mi mascarilla; que camino, sin miedo,
a contagiarme, de otro ser humano, con miedo; que vuelo hacia el horizonte sin
lágrimas; que siento, el destino. sin estar atapada en una UCI; que pierdo el
autobús para Madrid; que abrazo a mis sobrinos, una y otra vez. Hay días, que
cierro los ojos, y sueño que vuelvo a ser libre.
Con amor a mis 5 sobrinos
lunes, 4 de mayo de 2020
Atardecer en blanco y negro
En estos días, donde el virus, domina cada acto,
cada movimiento, cada palabra, cada susurro, hasta el sol tiene miedo de
contagiarse si roza la tierra, por eso, útilmente se camufla, se resguarda, se
protege, en el blanco y el negro, para así, llegar tranquilo, sosegado,
ausente, a la nostalgia de aquellos, que se fueron sin despedirse; de aquellos,
que se quedaron, con lágrimas, en el recuerdo; de aquellos, que ignoran que la
muerte siempre está a nuestro lado; que la muerte es nuestra sombra; que la
muerte es nuestra única realidad que abraza, cada noche, nuestra almohada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






