lunes, 6 de junio de 2022

Compañero de paseo

  A veces, la vida te sumerge en la soledad, nunca buscada, pero necesaria para reconfórtanos en ser lo que queremos ser, y, no lo que otros quieran que seamos. En esas circunstancias, me encuentro desde hace meses. Suelo caminar con tranquilad, con sosiego, con calma, aupada por mi cámara de fotos, mi mejor compañía;  cuando cae la tarde, mi dirección sentimental, me deja en  los jardines del Alcázar de Segovia,  lugar donde siempre me encuentro con el alma de Machado; quien depende del día me saluda o me ignora; sé que sus palabras vagan acariciando los campos de Castilla; donde se pierden con el rumor de las cigüeñas, que van  y vienen,  en busca de alimento para sus crías, que los esperan agazapados en sus nidos.  Al llegar a la verja de los jardines, una señora me dijo que había un pavo “Debe ser el pavo, que siempre intento ver, mientras grita”, pensé. A pesar de mi miedo, a los animales sueltos, le seguí para ver hasta dónde nos llevaba el destino, que siempre es frágil; nuestra unión se trunco al volver a la realidad; donde permaneceremos encarcelados a rutinas aburridas, necesarias, estresantes, pero, de vez en cuando podremos soñar con volver a caminar juntos.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

viernes, 3 de junio de 2022

Resquicio de libertad

Estamos acostumbrados a encadenar palabras, actos, sueños sin miedo; que desconocemos lo que es sobrevivir atados, sujetos, anclados a dictaduras, donde sino actúas como te obligan, te encarcelan para torturarte o para asesinarte. Nuestras utopías, son acumulaciones de actos, que anhelamos, pero que nadie nos roba; pero hay, millones de personas en el mundo sometidos a líderes que no eligieron; dentro de ideas que no votaron; dentro de uniformes que no diseñaron; y tal vez, como la amapola de la fotografía,  que está atrapada,  algún día el horizonte los pueda abrazar desde la libertad, pétalo a pétalo, sonrisa a sonrisa, olvido a olvido, para llegar a volar libres.


Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

jueves, 2 de junio de 2022

Cocinar historias

 

En mi ciudad, hay muchos edificios abandonados a su suerte; tal vez, nadie quiera hacerse cargo de ellos, pues no lucen su esplendor; son muertos enterrados delante de todos; que se descomponen lentamente, y cuyo olor llega a nuestro sentimiento del pasado, a aquellos que lo tenemos; mientras que otros, caminan ajustados a sus estresadas rutinas de espejos homogéneos, donde todos son iguales, o al menos lo intentan, para pasar desapercibidos en la cadena de la vida. En este edificio yacente, se encontraba un Bar- Restaurante “Casa Chapete”, que ofrecía asados y comida casera. Está a pocos metros del Acueducto; creo que lo recuerdo abierto, con actividad, con gente, que imagino tendría sueños por cumplir y paraba en esta casa de comidas, a reposar, para entregarse a las delicias de una mano experta en servir alegrías; en conquistar corazones; en paliar soledades, a través de la buena conversación que propiciaría entre plato y plato. Hay edificios, como ciertos ,placeres, que nunca deberían perderse.

 Ana Tapias( todos los derechos reservados)©


lunes, 30 de mayo de 2022

Amapolas en el ocaso

 Menguantes, atenuados, ancianos,  rayos de sol, se reflejan en tenues amapolas,  que anhelan ser escuchadas por los caminantes que las circundan, que la pisotean, que las ignoran; dentro de sus soledades, que acallan otros dolores para no ahogarse;  para poder sonreír, para cantar a la esperanza; por eso, me gusta mirar sus destellos de vida, su infancia, su inocencia, su búsqueda de ser algo más que flores vagabundas, homogéneas, incompletas; para convertirse en  almas amigas a quienes recordar. Pues bautizan, mis dudas sobre el destino; y entonces, mi anhelo trasparente de eternidad, las abraza, las acaricia, las necesita para sentir la belleza y morir lentamente junto a ellas.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Dos vidas


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jueves, 26 de mayo de 2022

Martín y el carro


 Venia del mercado de los jueves, cargada con el carro de la fruta; solo me faltaba el pan. Dentro de la tienda, vi a Martín con el dueño. Sonó el teléfono, algún encargo, para el dueño, quien estaba solo: así que, descolgó el teléfono (que raro suena esto en tiempos donde el teléfono, ya no está en las casas, sino junto a nosotros) y Martín se dispuso a salir sin ayuda. Dejé el carro, e intenté abrir la puerta para que pasará, bajara el escalón y no se cayera. Me costó, pero lo logré con dificultad. Y el carro, mi carro, cargado de fruta, se lanzó a cruzar la calle sin mirar.  Tuve reflejos para atraparlo, antes de que la fruta se quedara en estado de shock, por el frenazo de algún coche, con un conductor malhumorado y cargado de razón, por abandonar, a mi carro a pleno sol. Lo comenté con Martin, no esperaba oírle, y sus labios se movieron; lanzó algunas palabras hacía mi persona y seguro que se fue riendo al encuentro con su soledad.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Descifrar la soledad


 


En las calles solitarias, abandonadas, desdibujadas, corre el viento del olvido, que se posa sobre la memoria, de quienes caminan ajenos al paso del tiempo; de quienes caminan envueltos en su ego; de quienes caminan sujetos a sus lágrimas; que son incertidumbres, tendidas al sol, que golpea su débil corazón, que se afana por sobrevivir en soledad; conminado a ser uno más en círculos de amigos, donde crean palabras que no le pertenecen, pues su voz se ha quedado dormida dentro de las ojeras del recuerdo, adonde vuelve en sus calles, esas calles que nunca le traicionaran.

Ana TAPIAS( todos los derechos reservados)

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