sábado, 11 de marzo de 2023

Lágrimas suspendidas


 Las lágrimas vuelan entre utopías vencidas, entre metáforas anoréxicas, entre espejos rotos; que temen caer al vacío, para no ser vencidas, para no inundar las circunstancias, para no suicidarse en la tragedia; que intenta sobrevivir al miedo, a la culpa, a la indiferencia;  de un mundo, que ha olvidado escuchar, que se ha entregado al odio;  que se ha perdido en la envidia; donde el eco del yo, es más fuerte que el amor, que queda suspendido en medio del destino, donde los sueños no se alcanzan, ni con escaleras, troceadas por el amigo! ¡Las lágrimas mueren agotadas de anhelar esperanza!

Ana Tapias( todos los derechos reservadas)©

viernes, 10 de marzo de 2023

Personas con las que ajustar cuentas


 Un día, haciendo una fotografía a las calles de mi ciudad, se coló una persona que me hizo sufrir, desde entonces las fotografió; suelen ser personas del trabajo, y, también algún familiar; quienes, sin pudor; me han gritado, me han insultado; me han acosado; sus actos no prescriben en mi memoria; que anhela justicia, que llega, inmortalizando sus cuerpos orondos, obesos, dañinos, egoístas, malvados, siniestros, destructores, aniquiladores de mi fe en el ser humano; pero sé, que sus formas, serán encarceladas en la eternidad de mis fotografías.

 Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

miércoles, 8 de marzo de 2023

Ignorar el pasado

 

El Acueducto de Segovia, es atacado día a día; por personas, que permiten a sus perros mear sobre los sillares de granito; que tiran colillas, latas de cerveza, botellas de plástico; que se suben a los arcos; donde la vegetación dibuja sonrisas; bajo la mirada ausente de las autoridades, que han de cuidarlo, que han de protegerlo,  que han de salvarlo, de los actos de personas, que actúan sin empatía, sin compromiso, sin interés, que son espejo de un Ayuntamiento, que acuchilla  la historia; que secuestra su abandono;  que  mercadea con sus piedras; haciendo actos multitudinarios, que atrapan,  al Acueducto, en una contemporaneidad, que lo destruye, que lo rompe, que lo agrede sin remedio;  en medio de los decibelios, que asustan a sus años; consumidos por la erosión, de actitudes, sin compromiso con la belleza, con la historia, con la eternidad, de quienes deberían ser parte de la ciudad, pues tienen la obligación de trabajar por ella, no desterrarla al olvido.

Ana Tapias(


todos los derechos reservados)
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Olvido



 La fotografía es una herencia, de mi tía -abuela, María: que ha llegado hasta mí, tal vez, para que le rescate del olvido. Está dedicada y firmada. La fecha es el 27-6-1949” Con el mayor afecto, a nuestra prima María”, de Leopoldo y de Lola. Veo sus rostros, vírgenes de arrugas, de cansancio, de sufrimiento; la ilusión de dos jóvenes enamorados; que contagian ilusión, esperanza, amor. Sé que los años pasaron por ellos, hasta convertirlos en dos ancianos respetables; que caminarían de la mano, por las calles, atestadas de coches; fusionadas con el ruido; secuestradas por la contaminación; en una España, aún en blanco y negro; en la que resistieron sin levantar la voz; callados dentro de las costumbres impuestas por la dictadura; que silenciaba el pensamiento; que torturaba a quienes hablaban; que marginaba a los valientes. Leopoldo y Lola, siempre serán dos enamorados para mi rutina de la memoria

Con cariño a la memoria de Leopodo y Lola
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

sábado, 4 de marzo de 2023

Atrapar el corazón de Amador


 

El hombre joven, de la fotografía, es mi tío-abuelo Amador; quien murió a los cuarenta años; recién casado, y aún feliz, por su nueva vida; dejando atrás, a un padre desconocido, quien también murió joven, demasiado para recordarle; a una madre, que, sin un riñón, tuvo que trabajar, de sirvienta, para sacar adelante, a sus tres hijos pequeños. Nunca pudo estudiar, ni ser libre para ser él; pues la supervivencia era su monotonía, alterada por una Guerra Civil, en la que se vio involucrado, y a la que también hubo que adaptarse. Desconozco sus palabras, sus gestos, sus pensamientos, sus sentimientos, sus alegrías, sus lágrimas; pero algo dentro de mí, intenta rescatar su corazón, con mis dedos, apenas intangibles, para escuchar el lejano latido de su memoria.

Con todo mi cariño, a la memoria, de Amador Heredero Sanz, siempre en mi corazón.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Envolver la memoria


 

 Mi abuela, siempre fue una mujer cuidadosa con su aspecto, delicada, consecuente con su cuerpo; que cuidaba, para envejecer, sin dejarse atrapar, por la telaraña del tiempo, y lo hizo, pues apenas tenía arrugas, a sus noventa y dos años, cuando se despidió de nuestras vidas, con un cutis perfecto. De los restos de su despedida, conservo su redecilla, que envuelve a su memoria, en la consistencia de mis días sin ella; que lloran su ausencia, como si fuera un lluvia fina, atrapada en la invisible del red del sentimiento; que mi alma abraza cada momento, para reciclar su mirada verde, que se posa sobre mi cuerpo erosionado por el viento; zarandeado por la tormenta; agrietado por el destino; inundado por el dolor; secuestrado por la incertidumbre; intimidado por la enfermedad; que busca en el recuerdo el consuelo a mi existencia.

Ana Tapias) todos los derechos reservados)©
Con todo mi amor, a mi abuela, Encarna Heredero Sanz, siempre en mi corazón abuelita.

miércoles, 1 de marzo de 2023

última luz


 Hay algo de impreciso, de vago, de incierto, en la luz de atardecer, que se descuelga, que se desvanece, que es difumina, entre los edificios, como si buscará acariciar su memoria, para que se no perdiera dentro del ruido de la incertidumbre, que contamina su existencia. Hay algo de hermoso, de bello, de esplendor, en la luz del atardecer, que es espejo de la despedida de sueños, de anhelos, de esperanzas, que chocan contra los tambores de odios, de envidias, de celos, que laceran a los corazones valientes. Hay algo de herida, de lágrima, de sufrimiento, en la luz de atardecer, que es susurro de la agonía, de la muerte, del olvido, de nuestros cuerpos, siempre zaheridos por el destino, que siempre nos acorrala, que  siempre nos derrota, que siempre nos suprime, para desposarnos con el silencio, donde tal vez, algún eco nos rescatará en su atardecer.

 © Ana Tapias( todos los derechos reservados)