miércoles, 7 de agosto de 2024

Desvanecimiento del tiempo

Los segundos, los minutos, las horas, nos acechan en nuestros débiles cuerpos,  que caminan inmersos de sus anhelos;  que nos conminan a hablar de un futuro sin lágrimas; que nos acaricie en un horizonte de eternidad; donde el tiempo nos abrace para ser libres, para  no temer al  exilio hacia un mundo sin formas; donde soñar en un mundo sin miedos;  donde nadar en un mundo sin abecedarios;  donde cantar en un mundo inmerso en el recuerdo, que alguien enarbolará como bandera de la felicidad.

 © Todos los derechos reservados) Ana Tapias

lunes, 5 de agosto de 2024

Secuestro del atardecer

 

 Los días son importantes, para nuestros abecedarios de supervivencia, que se pierden en momentos; que nos secuestran para conjugar nuestra inmortalidad; que se empecina en combatir nuestras lágrimas, amigas del cansancio; hermanadas con las dudas; vencidas por la incertidumbre, que acecha a  nuestros cuerpos; que aciertan a bailar en soledad, cuando el sol desdibuja nuestra sombra, cada atardecer, para quedarnos junto al silencio


Con cariño a mi amiga, Fuencisla, que lucha y lo logrará.

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias

sábado, 3 de agosto de 2024

Caminar bajo el olvido


 El destino nos lleva cada día a ser parte del ayer; a adentrarnos en el mañana; a suspirar la nostalgia de los que se fueron y permanecen en nuestras miradas; que caminan, cada atardecer, envueltas en el olvido, de la monotonía, que nos secuestra, que nos intimida, que nos acosa;  para perder nuestros sueños y entregarnos a las obligaciones de otros; que nos impulsan a caer en la derrota de caras sin utopías, que nos convierten en lágrimas de la vida, que se escapa al ritmo de nuestros pasos.

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias

viernes, 2 de agosto de 2024

El atardecer

 

Se desvanece el día, entre suspiros, que vigilan nuestras miradas cansadas, agotadas, somnolientas; donde el hoy es ayer; donde el mañana es una utopía, adornada por calendarios, con días que van y vienen en nuestro destino; que juega a no caerse en el recuerdo, de quienes guardaran nuestra memoria como si fuera parte de su supervivencia. Se desvanece el día, entre silencios que no volverán a nuestras sombras, hartas de llorar sueños, exiliados a nuestra fantasía, donde siempre tendrán cabida. Se desvanece el día, entre sonrisas, que se despiden del momento, que es lo único que nos pertenece para resistir a la nostalgia de ser efímeros.

 

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias

miércoles, 31 de julio de 2024

Mirar


 Estas piedras, podrían hallarse en cualquier parte del mundo, es cuestión de la perspectiva,  que he buscado para que parecieran ajenas a su historia; desprendidas de sus parentescos; desdibujadas de sus sombras, que las persiguen, que las acosan, que las intimidan, que las obligan a ser parte de una civilización derrotada por el silencio;  cuyas huellas son palpables  a través del tiempo; que nos aconseja, ser cautos con las emociones para no llorar en medio del olvido; que estas piedras, mis piedras, conocen bien, pues han escuchado millones  de despedidas inmersas en el sentimiento;  que es espejo de la lucha;  que es sintagma del deseo;  que es amparo de la eternidad; utopía encarcelada en estas piedras, mis piedras, del Acueducto.

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias

Una cigueña

 

Caminaba al lado de una vecina, quien se ofreció a venir conmigo hasta el Alcázar, hubiera ido sola, pero no supe decirla que no; se le notaba aburrida con el hombre que estaba sentada; iba despacio, no podía ir a mi ritmo impreso en mis conmociones interiores;  que llevo sujetas a mi mochila de pasos como si fueran pesos imposibles de dejar atrás; al llegar a los jardines donde abrazo cada atardecer: alcé mi mirada hacia los árboles, para observar su desnudez sin las cigüeñas, ya las echaba de menos; sentía su ausencia en mi cuerpo, abandonado en la soledad de mis huesos rotos en mis lágrimas, que ellas contenían con sus vuelos imposibles. Hablaba con la vecina, que intentaba pasar desapercibida junto a mí sombra, cuando apareció ella, y junté mis vocales y mis consonantes, para escribir la palabra: cigüeña; una de ellas, permanecía fiel a su nido; tal vez, por ser mayor para volar hacia el mar; tal vez, por estar enferma para hallar el destino; tal vez, por ser fiel a su música interior, que le impedía dejar atrás el hogar. Nunca sabré sus motivos, pero me alegro, una tarde de verano, donde de nuevo, ella fui yo.

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias

martes, 30 de julio de 2024

Ausencias

Cada día, necesito mi encuentro con el horizonte castellano, que encuentro en los jardines del Alcázar de mi ciudad; cada día, observo a las cigüeñas; ayer faltaban; noté su ausencia en mi latido que lloraba, recordando sus vuelos, que se alzaban sobre mi soledad;  cuya sombra, son figuras esbeltas, que vigilan mis pasos, atormentados por el paso de los silencios, que ellas descifran; que ellas comprenden; que ellas transforman en palabras de belleza; que me susurran motivos para sobrevivir a la cárcel que es mi rutina; pero sé que volverán y seré libre de mis abecedarios para volar sin miedo.

 

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias