sábado, 8 de octubre de 2016

Envejecer

Esta sociedad no nos deja envejecer con comodidad, con dulzura, con acomodo a la realidad. Abrimos una revista y encontramos  cremas, potingues, pócimas para las arrugas;  mujeres estiradas que carecen de expresión;  canas ocultas bajo tintes que decoloran los pocos pelos que nos quedan. Estoy segura que mis bisabuelas, mis abuelas, se hicieron mayores con dignidad, sin necesidad de afeites que les conminaran a parecer lo que no eran: jóvenes. Hemos de rebelarnos de la tiranía de parecer quienes no somos, de caminar si nos cansamos, de reír si lloramos. La vida es tan breve que merece que seamos fieles a nuestra dignidad.
Ana Tapias

viernes, 7 de octubre de 2016

Olvidar

Inmersa en mis múltiples pensamientos, me encuentro en otra habitación de la casa, he ido a coger algo que me hacia falta.¿ Qué era? Me pregunto desconsolada. Miro a un lado a otro de ese cuarto, no veo nada. Me siento poco ágil, poco rápida, cien por cien insegura,  en un planeta al que no sé cómo he llegado. El desconcierto, me hace pensar que estoy loca, que la edad me ha dejado fuera de la hoja de ruta del recuerdo. He de hacer algo, siempre hay que hacer algo para que no te acusen de vaga, de poeta, de vagabunda. Salgo del lugar, me reencuentro con mi destino que me lleva a lo que buscaba.
Ana Tapias

No hay otoño

Caminaba con los potentes rayos de sol sobre mi piel; miré, al lado del derecho de la carretera, se escondía un jardín de hojas secas. No había visto tantas hojas en todo lo que llevamos de Octubre. Pensé que no había otoño;  que sería romántico dejarse cubrir por las hojas que caían de los árboles. Seguí mi camino envuelta en la nostalgia;  encontré  una hoja, atrapada, en una verga metálica;  la podía haber cogido, para guardarla, pero no quise ser incubadora de hojas;  la dejé en manos de su destino. Adormecida por el frio soñado, frotaba mis manos, mis pies ateridos no resucitaban, por mi boca salía humo. En la Calle Real, un olor me acercó a mis otoños de niña; donde la ilusión decidía el rumbo de mis pasos. La castañera, un ser extraño, aparecía cobijada bajo un moño; sus manos grandes, negras, azuzaban  el mango de unas tenazas en un sartén, las castañas debían estar fritas por todos sus lados. Pedía a mi abuelo, Leoncio, que me comprará castañas. Mi abuelo, pagaba  cincuenta pesetas por doce.  Despegaba la cascara, que se deslizaba hacia el suelo. Mi nariz cambiaba de color, mi cuerpo bailaba, mis dedos salían de dentro de mis bolsillos.  ¡ Eran otros octubres!
Ana Tapias

Mujer asesinada en Arévalo

Se llamaba Mónica, tenía 33 años y dos hijas pequeñas. " Presuntamente" la ha matado su pareja. He perdido la cuenta de las mujeres rotas, que se han quedado en el camino.  La sociedad se esconde en los escaparates, donde el glamour es la testosterona de la vida de consumo, que los lleva a caminar deprisa para no pararse a pensar en el dolor ajeno. El sufrimiento, invisible, de tantas mujeres, ha de ser visibilizado. Hemos de alzar la voz  ante  la violencia de género.¡ No más muertes de mujeres! Yo condeno.
Ana Tapias

jueves, 6 de octubre de 2016

La muerte

Cuando vamos a un entierro, nos topamos con un ataúd de alguien a quien conocimos, tal vez amamos, o respetamos. Pensamos que nuestra muerte está lejana, no es cierto;  nuestra muerte está  debajo del sombrero;  ese que no levantamos por miedo a no dejar de  llorar;  a aceptar que nada tiene sentido; que el sufrimiento es una hipoteca sin sentido. 
La muerte, nos empuja a soñar;  a crear otros mundos cubiertos de esperanzas, de hojas, de nubes, de casas, de zapatos nuevos, de corazones escritos en la corteza de los árboles, de lluvia que no empapa, de nieve que no está fría, de amigos que nunca nos traicionan, de compañeros que nos ayudan, de heridas que se cierran. La muerte domina todos nuestros deseos, pero, no lo aceptamos.
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Ana Tapias

Ranas

Leo una noticia en el National Geographic Español" Se extinguió la rana arborícola de Rabb".  Veo su foto, es marrón, con ojos saltones, piel curtida, está en posición de rana.  Tenemos que conservar las especies para oír su canto; para sentir sus pasos; para descifrar su comportamiento; para no verlas a través de los libros; para jugar a ser ellas con nuestros hijos o sobrinos; para buscar su mirada cuando la ternura nos ignore; para  ahuyentar de las lágrimas cuando la guerra nos oprime el corazón. Debemos aprender a amar a los animales, condenar a quienes los torturan. Al extinguirse una especie, se va algo de nosotros.
Ana Tapias

miércoles, 5 de octubre de 2016

Bodegas de la muerte

Leo un articulo en el Diario" El Mundo", titulado" Las bodegas de la muerte". Una imagen cubre mi ánimo de dolor, de indignación, de pena, de rabia. Cuerpos yacen apilados, como si fueran basura.   Uno de ellos, tiene los ojos abiertos, mira hacia la nada; esa que pretendía evitar al subirse a ese monstruo devorador que ha tragado sus sueños.  Los que sobreviven han sido encadenados, para no amotinarse; han sido golpeados para no rebelarse;  han sido escupidos en su dignidad,  por los traficantes de seres humanos. . ¿ Hasta cuándo Europa va a permitir esta otra guerra? Europa, la gran Europa,  debería proteger a estos hombres, mujeres y niños, que luchan por una vida mejor. y no dejarlos en manos del destino
Ana Tapias