Acumulo
palabras en la madrugada, en periódicos atrasados, que nunca leo a tiempo, por
tener, que correr al ritmo de la monotonía, siempre impuesta, siempre distante,
siempre inadecuada, para mi nostalgia, que exprime segundos al día, para estar
al tanto de realidades ajenas, que me contaminan con su crueldad. Pasó las
páginas del 21 de enero de 2021, algo dormida, pero necesitada de mi desayuno
de palabras; encuentro una fotografía, que me absorbe, que me devora, que me
anula, mi paz interior. Es un padre que camina de la mano junto a su
hija. El padre es un dictador, la niña es su heredera, al fondo, se
alza un misil; grande, largo, eterno, escoltado, por militares diminutos, débiles,
intrascendentales, que lanzaran el miedo al universo. El padre, con seguridad,
con ferocidad, con acritud, habla a la niña, quien, continuará la violencia que
ejerce su padre sobre su pueblo, que permanece hierático, ante la tortura,
sistemática de sus derechos; que son acallados entre lágrimas de cárceles, de
torturas, de balas, de misiles, que no juegan a ser libres, sino que son
enterrados en la opresión, donde una niña, será la malvada princesa del dolor.
martes, 4 de abril de 2023
El dictador y su sucesora
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