Al lado de la Catedral, han colocado unos
servicios públicos, que encuentro en mis paseos por mi ciudad; una de las
puertas está abierta, y observo la incomodidad de un espacio diminuto;
donde apenas entra un cuerpo estable, erguido, equilibrado, sometido a los rigores
del destino. Un cuerpo, que ha de culminar sus necesidades con rapidez, en el zulo
sin ventanas; que invita a la claustrofobia, a la depresión, al suicidio de la
libertad; que se estrecha, que se reduce, que se limita, en un lugar gobernado
por la dictadura del tiempo.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©
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