Un amanecer sin configurar en el calendario,
donde la mirada envuelta aún en el sueño, desdibuja la realidad; a unos metros de su silencio, se encuentra un vaso asociado a una cuchara; el vaso, resiste
la ausencia de abrazos; recrimina la carestía de palabras; advierte la
insignificancia de suspiros; que lo conviertan en un ser animado; que gane las batallas
impuestas por la rutina; donde los abecedarios de supervivencia, se tiendan en
la lucha de las sonrisas, y de las lágrimas, para culminar en la victoria, de un día,
sin sentirse derrotado por el paso del tiempo.
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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