Caminaba absorta en mis no pensamientos, en
medio de la ciudad, desgajada de mi sentimiento; que vagaba entre sueños sin
cumplir y algo llamó mi estúpida atención: un árbol, pequeño, acompañado,
vigilado, dibujado por su sombra, espejo de su destino, que me invitaba a
bailar con mi destino, que se aferraba a la inmortalidad del momento; donde mis
ojos abiertos, susurraban la palabra belleza, que abrazaba mi sufrimiento
aterido por la frialdad del paso del tiempo
A mis cinco sobrinos con amor.

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