viernes, 10 de agosto de 2018

Sombra antigua

¿Envejece la sombra? No sé su respuesta, pues no he conozco su lenguaje. Pero, puestos a adivinar,  creo que me sugeriría que buceará en su interior; que me adentrará en su más allá;  que buscará  en su razón de existir; que me entrometiera en su alocada memoria; que describiera su ausencia de palabras en momentos difíciles.  No imagino a una sombra, gritando de cansancio a la luz de luna; ni escribiendo somnolienta  con una vela que se agota, delante de una ventana de un poeta, que llora nostalgias y versos no correspondidos; ni soñando, al lado de una rosa, que sus espinas serán descubiertas y ella será marginada por el dolor que causa al tocarla; ni besando sin disimulo, a alguien de su mismo sexo en una calle cubierta de exploradores de la rutina; ni despejando una ecuación de pesadillas, en medio de un bombardeo en una guerra perdida de sonrisas; ni acariciando un atardecer cubiertas de cicatrices en el estómago. Tal vez, la sombra sólo quiera desaparecer ante el ego de un espejo que nunca la reflejará como se llena de arrugas.
A mi amado sobrino Santiago. GT.
Ana Tapias( todos los derechsos reservados)©

jueves, 9 de agosto de 2018

Lautrec y el paso del tiempo

Toulouse-Latrec, pintó"Polvos de arroz" en 1887.  En ese año,   el hombre caminaba lento, en blanco y negro, hacía alguna frontera sin electrificar,  hasta la llegada del hombre a la luna; se ha  producido, aciertos,  desaciertos, éxitos, fracasos,  combinados a lo largo de la historia, con el azar, con el destino, con la esperanza en poder lograrlo. El hombre ha necesitado sentirse invencible, por eso, ha evolucionado, sin pedir permiso, al medio ambiente, que ha sido aniquilado, sin piedad, por humos, gases, ladrillos;  que lo han dejado postrado en una modernidad, que Lautrec, hubiera pintado como si se tratara de una atmósfera de abandono lunar.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

martes, 7 de agosto de 2018

Dentro de mi dolor

A veces, me quedaría dentro de las sábanas agazapada dentro de mi dolor, para que nadie me viera llorar.  Uno siempre ha de sonreír, y decir "Que la vida es maravillosa", para no ser medicado por un psicólogo, adicto a la droga del saber estar; que no entiende que  llega un momento en la vida, que la esperanza se desvanece en la experiencia, y no hay manera de rehabilitarla sin acudir a las lágrimas. Banderas que nunca ondearan en mi rostro, por miedo, a ser arrastradas por el viento. Cuántas veces que he escuchado a mis amigas, amigos, eso de “A mí, no me cuentes tus problemas que bastante tengo con los míos “La realidad no escucha, no empatiza, camina ajena al dolor, por eso, me gusta  refugiarme dentro de mis sábanas y llorar feliz.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

lunes, 6 de agosto de 2018

El amanecer

Cada día es un milagro;  la tierra se podría caer en cualquier momento a un agujero negro donde olvidaríamos el olor de las flores;  ser invadida por extraterrestres, quienes nos condenarían a   ser su mano de obra barata; dar vueltas sin cesar, no  tendríamos más remedio que aprender a a caminar boca abajo. Pero de momento, sigue girando sobre su eje y regalándonos el amanecer y el atardecer. Donde el sol aparece y desaparece como si fuera un gran balón amarillo al que golpear con la mira, da para meterlo en una portería donde las utopías son posibles; los sueños alcanzables; el miedo minusválido de momentos; y la esperanza doblegada a un mundo sin fronteras. Cada día es un rezo a lo posible

Ana Tapias( todos los derechos reservados))©

domingo, 5 de agosto de 2018

Los muertos

A veces,  cuando voy caminando por las calles de mi ciudad, me encuentro con ellos, que yacen en mi memoria. Salen de su anonimato, para cruzarse con mis pensamientos. Se saludan entre ellos, hablan de sus cosas que no acierto a adivinar; conjugan verbos de nostalgia que salvo entre mis manos de caer al suelo, donde serán pisoteados por la realidad, que cambia tanto que es imposible de descifrar; acuno sus últimos suspiros en mi regazo; canto sus melodías con indecisión, no sé si los molestará;  sonrio a Águeda; hablo del tiempo con el  vecino de abajo; miro asustada  a aquel hombre extraño que hablaba tan rápido, y fumaba tanto;  me dejo llevar por las bromas de Jesús, mi Sancho panza. Se juntan en un momento en mi corazón que llora sus ausencias, pero sigue latiendo pese al dolor.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Salida de etarras de la cárcel

Las televisiones mostraban la imagen de un etarra, Santi Potros, condenado a tres mil años de cárcel, a su salida de prisión, tras pasar en ella 31 años. No sabía cómo explicar a mis sobrinos de corta edad; porqué ese hombre había matado a cuarenta personas. Lo que lo  convierte en un asesino en serie;  que en cualquier otro país del mundo, no hubiera salido a la calle, pero, España es un país, donde matar no parece ser importante para los legisladores. Santi Potros, salía feliz; se abrazaba a su mujer y dos familiares o amigos. Pensaba en las familias que perdieron a sus hijos, padres, maridos, hermanos, que nunca más podrían abrazar a sus familiares; quienes permanecen escondidos bajo las lápidas de los cementerios; ausentes de todo sentimiento; negados por la alegría del reencuentro; desahuciados de la vida por Santi Potros, que nunca ha pedido perdón a las familias; que nunca ha llorado ante las tumbas de sus asesinados; que nunca ha mostrado ser persona; pero, la ley que nunca respetó;  le permite rehacer su vida, y respirar ese aire, que él negó  a aquellos que no conocía y ahora forman parte del recuerdo que no da segundas oportunidades.
Ana Tapias( todos los derechos reservados))©

jueves, 2 de agosto de 2018

El recuerdo de Águeda

En realidad, no sé si tengo derecho a llorarla, a sentir su muerte prematura; pues, he pasado con ella, sólo dos veranos de mi adolescencia. Pero, no dejó de pensar, en las dos últimas veces que la vi. La primera vez, estábamos  en una superficie comercial; donde encontrarse en un mostrador, es obra de la necesidad, o,  tal vez, tenía que verla para no olvidarla. Nos situamos, la una enfrente de la otra; cada una, con una amiga diferente.  Esperando a ser atendidas por una comercial.  Me metí dentro de   su pensamiento. Sabía, que había estado ingresada en el Hospital por una pulmonía; nunca imaginé que era una enfermedad terminal, lo que marcaba su rostro tan triste, tan agonizante de felicidad, tan inmerso en su destino. Ella. era la elegida para ser sacrificada por la vida; a veces, me siento culpable de que fuera ella y no yo. Cambio mi recuerdo de aquellos minutos, los últimos que estuvimos juntas. Me acercó a ella, la saludó, la abrazo fuertemente, la insisto que siempre la he  echado de menos;  que en mi memoria nunca han pasado los años;  que las arrugas no marcan mis pasos; que sigo siendo aquella adolescente que la quería. Me abraza, llora, no puede hablar. Salgo de mi cambio de recuerdo. Al irse, esboza una sonrisa; a lo mejor me la dedicó. La segunda vez que la vi; su rostro estaba oculto. Iba caminando, sentí su presencia en la terraza de un bar. Tomaba algo junto a un hombre con gafas. Tampoco me atreví a saltarme el protocolo de los años para abrazarla. Sus ojos miraban hacía mesa. Su cuerpo había adelgazado. La muerte la devoraba sin remedio. La vi guapa. Estos días, que su familia la llora, la anhela, la reza. Yo a pesar de los años sin ella, la siento al lado de mi recuerdo.

Con cariño a la memoria de Águeda Rubio Fernández, que se fue de la vida en Segovia a los 48 años
Nunca te olvidaré
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©