viernes, 14 de diciembre de 2018

Descolgarme de Cenicienta

Yo crecí, con la imagen de ,Cenicienta,  a mi espalda. Cargué mi mochila de ilusiones, con imágenes de un príncipe, que me hacía sentirme realizada con niños y más niños( siempre me gustaron los bebés); que me regalaba  besos robados en el amanecer; que me amaba con locura si fregaba, limpiaba y cocinaba; que siempre recogía mi zapato cuando lloraba.  Los príncipes que conocí eran  ranas quienes después de mis besos, seguían siendo, ranas, mediocres, egoístas y zafias; así que, tuve que dejarlas en la charca para reinventarme y sobrevivir a sus palacios de agua. No ha sido fácil, descolgarme de Cenicienta;  es duro caminar con los pies descalzos, pero, necesito la soledad para luchar por mis  sueños.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)
))©

jueves, 13 de diciembre de 2018

El silencio de las calles

¿Las calles hablan? Nunca he escuchado sus voces, así que intuyo, que callan por fidelidad a sus maestros canteros, quienes murieron en la soledad de camas de casa o de hospital;  alejados de aquellas calles,  a las que vieron nacer, crecer  y convertirse en eficientes conductoras de sueños, de anhelos, de esperanzas, de sonrisas, de lágrimas, de besos, de susurros mal ; para ser portadoras de coches, de sillas  de ruedas; de carritos de bebé; de bicicletas; para calmar la ansiedad de tubos de escape; para escuchar a las papeleras; para evaporar la ternura de las miradas a las nubes. Las calles callan por temor a parecer más humanas que los humanos
Ana Tapias( todos los derechos reservados))©

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Metamorfosis

La vida es como una lavadora donde nos meten sin pedir permiso, giramos sin cesar, repitiendo movimientos; acosados por las dudas; unas veces reímos, otras veces lloramos; unas veces amamos; otras odiamos; unas veces caemos desplomados hacía la nada; otras nos levantamos para seguir  el sonido de la música;  unas veces callamos; otras veces hablamos; unas veces nos alejamos del horizonte; otras veces lo abrazamos; unas veces cantamos; otras veces desafinamos. Cuando morimos, sentimos que la vida fue un encaje de bolillos entre la realidad y los sueños
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

Despedidas

Estoy atravesando el duelo de un familiar, quien de repente, sin previo aviso, ni justificación, ha dejado de estar a mi lado(hecho que respeto) Estoy agotada de mis lágrimas, de la secuencia triste de mis pasos,  de la angustia de mis recuerdos. Este año, no me apetece que llegue la navidad, pues tendré que estar a su lado, e intentar sonreír como si nada hubiera pasado; como si mi dolor y el resto de los miembros de mi familia  de los que se alejó, fuera un precio por algo que no hicimos; como si la excusa de quedar bien con nuestros padres abarque soportar su mirada, que es  dura, fría, gélida, inhóspita. Las despedidas, como la suya,  deberían ser como las  de un viaje en autobús de ida, no como las de ver pasar una  locomotora  cuyo humo asfixia aquello por donde pasa.

  
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

martes, 11 de diciembre de 2018

Los derrotados

Cada vez, que veo la foto de mi tío, Esteban, no puedo evitar, sentir la vida que tuvo que llevar sin necesidad. Fue un derrotado de la Guerra civil, un no existencia, un no ciudadano, un no feliz. Siempre, oculto en su casa, tras pasar por la cárcel y librarse de la pena de muerte. Su mujer, la tía, Lucía, trabajaba de planchadora, le cuidaba, le mimaba en su soledad, en su silencio, en su mano inhabilitada por la tortura. Mi tío, fue uno más de una larga lista de seres invisibles en la dictadura: los derrotados.
A  la memoria de mi tío Esteban García Redondo
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

lunes, 10 de diciembre de 2018

Colgada del amanecer


Es un momento de debilidad, que asoma a mi cuerpo,  cuando  los primeros rayos de sol llegan desde 
de detrás de la montaña. Las nubes, se vuelven sonrosadas; el cielo, parece un espejo que olvida el estrabismo del día los pájaros, no necesitan camuflarse en las ramas silenciosas;  las calles,  se desperezan;  las ventanas, se despiden de su soledad, y yo me cuelgo del amanecer, para salir de mis pesadillas, que son  la otra sociedad sin rutinas, sin plazos, sin calendarios, sin continuidad en la que camino cada noche.

© Ana Tapias( todos los derechos reservados)

Escuchar villancicos

Desde hace tiempo,  la mayoría de los villancicos son  en inglés; es oír "Mery Christmas" ,y la gente nada hacía la navidad sin ahogarse; pero yo,  he olvidado nadar, para no ahogarme, floto sobre mi infancia; y me pierdo en los villancicos en castellano:  los "Peces en el rio" ; 25 de diciembre, fun, fun"";   "Campana sobre campana";  "Hacía belén va una burra"; "Arre borriquito", que se oían por toda la casa, cuando mi madre,  introducía en la radio cassette, la cinta de casete;  al terminar una parte, lo abría, y lo introducía por la otra. Así que, cada vez, que vuelve la navidad, recorro las calles nevadas;  contemplo a mi abuelo, Leoncio, sonriendo ante el sorteo de la lotería; como al turrón de chocolate, polvorones, peladillas, pasas; ayudo a mi abuela, Encarna, a traer el cardo del mercado; canto junto a mis dos hermanas, delante de mis padres y abuelos; visito belenes; tengo miedo a los Reyes de Magos. Para mí, la navidad, se ha convertido en una estación de tren del recuerdo, a la que viajo, cada año, con más arrugas y menos porqués.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©