Nunca me ha ido bien, en ese terreno de nadie, que
llaman amor. He vagado como si fuera un alma en pena, de horizonte en
horizonte, sin dejarme atrapar por ninguno; tal vez, por qué mi espacio sea la
libertad no el compromiso. El día 28 de junio, se celebra el "Dia del
Orgullo Gay o LGTBIQ" Lo recuerdo como la gran fiesta de Chueca, donde
nunca he ido, pero si me hubiera gustado acércame para sumarme a la fiesta. Las
fiestas, lo hemos comprobado, en estos meses, de pandemia agónica, cruel,
silenciosa, forman parte de nuestro ADN de españoles. Cada año, por estas
fechas, salen las fotos en los periódicos de los hombres y de las mujeres, que
aman a personas de su mismo sexo. Una foto de carnet, que me recuerda a una
ficha policial, nos lleva a un personaje público, que muchos no conocemos que
salen del armario. Frase que tampoco me gusta, la verdad. Pues los armarios, al
menos el mío, es feo y desordenado, y nadie soporta respirar el aire
contaminado de si mimo, que no ventila, pues nos podemos asfixiar dentro de
nuestros pensamientos. Estas personas públicas (ignoro si quieren que sus datos
formen parte de nuestras memorias) buscan concienciar a la sociedad, de una
realidad aún criminalizada y condenada a muerte en muchos países. La
discriminación hacia lo diferente, es marca del ser humano que no entiende las diferencias;
que busca la uniformidad; pero es necesario rebelarse contra todo tipo de
barreras y abrazar lo auténtico, lo real, lo esencial, que es la personalidad
de cada uno de nosotros; que no ha de ser espejo de nadie, sino reflejo de
nuestro interior. Soy heterosexual, pero, tal vez, si hubiera sido homosexual,
me hubiera mejor en el sentimiento, que yace en soledad por el horizonte.
Anhelo un día, donde todos seamos iguales, y a nadie importe si me beso con un
hombre o con una mujer, pues mi esqueleto será olvidado igual.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©