Se extingue el otoño en su apogeo de hojas sin retorno; su cenit lo decidirá el frio; siempre inhóspito, que encierra nuestras lágrimas en guantes, que son incapaces de dar calor a nuestros sueños; que se hielan en el olvido de otoños sin bautizar
domingo, 10 de noviembre de 2024
sábado, 9 de noviembre de 2024
Una castaña
Ventana a la incertidumbre
Nuestros ojos cansados, por las rutinas, que nos obligan a ser otros; a participar en inverosímiles anhelos; a reciclar sueños del ayer; abrazan el horizonte susurrando lágrimas, pues tal vez el mañana, sea un esquivo puzle de alegrías, que secuestren nuestra esperanza, que duerme aterida frio bajo la incertidumbre.
© Todos los derechos reservados) Ana Tapias García.
jueves, 7 de noviembre de 2024
Sudor del despertar
Cada
mañana, el despertador suena sin mirar atrás; asombrados los ojos, intentan
comprender, que han de capturar sus sueños un día más; donde las emociones, nos
acompañan como si fueran sombras desgastadas por la supervivencia; que abraza a
aquellos que sonríen al destino; para ser memoria del hoy; para ser canto del
ayer; para ser escritura del mañana; que silenciará nuestra esperanza.
© Todos los derechos reservados) Ana Tapias García.
martes, 5 de noviembre de 2024
Ligereza de los sueños
Muchas hojas con destino, se evaporan en el pensamiento; dibujan sueños que vuelan hacía el horizonte; donde el olvido creará sinónimos de lucha; para aquellos, que aún tengan fuerzas, para emitir abecedarios de esperanza; que proclamen que la verdad, solo existe para la memoria de quienes han amado.
Hablar con el ayer
Detesto
mi etapa escolar, que cursé en el mismo colegio; desde los cinco años hasta los diecisiete (si no me equivocó) sufrí acoso, por parte de mis compañeras de clase,
durante años. Hecho que me causó una profunda tristeza; una inabarcable
inseguridad en mí misma; una agotadora depresión, nunca tratada; que voy
superando con el paso de los años; pero aún, por las noches, tengo pesadillas,
con sus rostros, que formaban parte de mi infierno: ellas reían, dentro de sus
cuerpos horondos, henchidos, rellenos; mientras, yo lloraba, dentro
de mi cuerpo absurdo, patético, insignificante; que caía una y otra vez en la
indiferencia del acoso sistemático; que
tuve soportar, abrigada por mi fuerza interior; que nunca lloraba delante de las maltratadoras, que se alejaron de mi camino, al terminar el colegio; por desgracia, a algunas, las he visto y se han seguido riendo de mí; de otras, sé de sus vidas por amigas
suyas; y a las menos, hablo con ellas. Ayer, tuve que imponerme a la niña que
fui, para entrar con una amiga, en la tienda, de una compañera de colegio, con
quien no coincidí en clase, pero amiga de mis acosadoras y me sentí observada
por el ayer; que me saludó, pero, no comenté nada sobre el colegio. Mi amiga
(ya lo sabía yo) no estaba interesada, en la ropa de la tienda, de mi excompañera
de colegio; pero no puede vivir sin dar discursos, aunque sea en una tienda de
barrio perdida. Al menos, tenía un
perrito diminuto, que hizo que pudiéramos mirarle, sin detenernos mucho en nuestro
deterioro; que es imparable como nuestras arrugas, las mías aún en penumbra,
describen el destrozo de mi adolescencia por adolescentes malas, a las que
nunca perdonaré. El maltrato es una huella profunda, que nunca se olvida.
lunes, 4 de noviembre de 2024
Días de lluvia
Una madre con su hijo, se protegen de la lluvia, con sendos paraguas; uno de colores y el otro sin ellos; que les resguardan del destino, que llora, cada día, pues puede ser el último de la nostalgia; que se inventa esperanzas para sonreír ante la incertidumbre; que juega a caerse, a levantarse, en las calles, donde la vida se despide con sueños mojados.





