domingo, 20 de julio de 2025

Casa de mi nostalgia


 La casa de mis abuelos paternos, continua en pie; pertenece a unos extraños, que la han reformado a su orden y a su antojo. Me hubiera gustado que fuera familia, y que la disfrutáramos todos;  pero no fue posible; demasiado egoísmo entre los herederos, llevó a vender la casa del pueblo de mi infancia, donde soñaba con amanecer de adulta y sentir el frescor de la mañana, para recordar a mi abuelo, pastor, que fue a Extremadura con las ovejas; para oír trajinar, a mi abuela, en la cocina, con sus manos de labriega; pero solo me queda nostalgia, cuando  vuelvo al pueblo y me encuentro con una casa nueva por fuera, pero con silencios por dentro; en esas paredes,  llora el alma de mi abuela, que murió en su cama; en ese jardín,  tan bien cuidado, descansan las vascas que mi abuelo ordeñaba con cuidado cada día; y yo,  sigo siendo una niña de ciudad, llena de miedo a las vacas; una niña de ciudad,  que simpatiza con los burros; una niña de ciudad, que temía a las ortigas al bajar a la huerta y hoy no puedo bajar a la huerta, porque la puerta está en su parte de terreno, y en el terreno de mi padre, solo hay soledad.

Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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