El recuerdo se desangra vacilante, sin rumbo, perdido en la rutina
infumable, incontestable, inaccesible; que nos invita a volar sobre abrazos perdidos;
sobre sonrisas desvanecidas; sobre cuerpos sin sombra, y, se acerca el olvido,
como si fuera una fruta madura, que se descompone lentamente con permiso del
mañana
Ana Tapias ( todos los derechos reservados)©

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