domingo, 12 de abril de 2020

Desayunos del confinamiento


Un mes encerrado entre las paredes, de mi casa, me han llevado a cambiar mis costumbres, una de ellas es el desayuno. Ya no busco, el consentimiento de las manecillas del reloj, para ir más despacio. Ya no me impulso, para salir corriendo hacia la puerta de la calle, para cantar a   mi suerte. Ya no olvido, el último sorbo, por miedo a llegar a tarde hacía mi destino. Ahora, sueño junto a la lentitud del espacio que me rodea, que la salud volverá.  Ahora, me obligo a mantener la distancia con mi mascarilla, que no me protegerá de ser fiel a mi vaso de leche con tres galletas, que me conducen, a un día más, sin sentir la velocidad del viento.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

sábado, 11 de abril de 2020

Ausencias

No sé, si alguien querría sentarse en esta silla que conservo desde que era una niña, para hablar conmigo en estos días de soledad; donde solo escucho palabras, invisibles, de las fotografías en blanco negro, que aprendo a descifrar desde el recuerdo. No sé, si alguien, me echa de menos, y me busca entre sus silencios. No sé, si alguien me necesita y me llama con el corazón.  Pero, anhelo escuchar alguna voz me haga viajar hacia la esperanza.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

viernes, 10 de abril de 2020

El vacio del coronavirus




Mi calle, es la calle, de una pequeña, ciudad de provincias, como es Segovia; los vecinos, solo se asomaban a la ventana cuando se escuchaban los gritos, de un vecino muy problemático, que hace tiempo, que se debe haber contagiado del silencio y se ha quedado mudo. Pero, mi calle, si tenía vida, los vecinos hablaban, se contaban sus alegrías, sus penas; los coches pasaban; se oía rugir a sus motores; sus tubos de escape contaminaban  y nos hacían sentir, en nuestros cuerpos, el cambio climático; ahora, solo se escucha, cada noche, el camión de la basura. El resto del día es soledad, vacío, ausencias, de vecinos, encarcelados, dentro de sus hogares, olvidando sus cafeteras, para poder dormir y despertar de esta pesadilla.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

miércoles, 8 de abril de 2020

Tender mascarillas

 Desde el que el Coronavirus asoma a nuestras casas, hemos olvidado lavar la ropa:  pantalones, jerséis, camisas, abrigos, gorros, camisetas, ahora,  solo nos preocupa las mascarillas, que sacamos a la calle, que como si fueran armaduras libran el combate contra la muerte,  contra el dolor, contra la incertidumbre. Mientras caminamos, desnudos, sujetos a un trapo, que nos protege la vida del destino,; al llegar casa, lo empapamos de jabón, de legía, de susurros, de caricias, para así, sentirnos más seguros, mientras la lavadora centrifuga esperanza de volver a ser la de antes

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

domingo, 5 de abril de 2020

Sospechosos de relacionarnos

En estos días, donde vivimos confinados bajo el Estado de Alarma, que parece que será infinito, cualquiera es sospechoso de contagiar a los otros, desde la invisibilidad de sus síntomas, desde la cercanía de su mascarilla, desde la cadencia de sus palabras.  Así que, nos hemos vueltos desconfiados, por qué no sabemos dónde podremos encontrar el destino; pero, hemos de volver, poco a poco, en silencio, en susurros, a abrazar a las sombras, para si llegar al cuerpo de las personas, y dejarnos llevar por el sentimiento, para ser parte de sus sonrisas.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

sábado, 4 de abril de 2020

Destierro del dolor

El dolor es imposible de soportar, de llevar a cuestas, de entender, de besar, de acariciar, de serle fiel;  por eso, decidimos, sin pensar, desterrarlo al otro lado de la realidad; donde están ellos, nuestros, muertos, que lo recogen para aliviar nuestro sufrimiento, hacerlo suyo, interpretarlo en el mundo de sueños, donde nos hablan, donde nos aconsejan, donde nos abrazan, para que podamos seguir creyendo en la vida al despertar.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

miércoles, 1 de abril de 2020

Auschwitz-Coronavirus

En estos días, donde todos hemos aprendido a decir la palabra “Coronavirus", que afecta tanta a gente; que asesina a tantas sonrisas;  que hasta las sombras tienen miedo de contagiarse. Sobrevivir se ha convertido en algo parecido a un campo de concentración, donde no se puede mirar hacia atrás, ni llorar a los muertos, que son enterrados junto al vacío de la soledad. Uno ha de caminar, soñando que volverá a abrazar el horizonte; que un día las puertas de la cámara de gas dejaran de abrirse;  que una mañana la sonrisa inundará de nuevo el despertador. Uno ha de aprender a ser libre dentro de la adversidad.

Ana Tapias( todos los derechos reservados)©