Las ciudades, la mía es una, pequeña, ciudad de provincia, recogida,
austera, sencilla, siempre con muchas
gente de fuera, que viene a hacer fotos a la historia impresa en sus
monumentos; a comer cochinillo y cordero, en los, caseros y tradicionales ,restaurantes y
mesones. que respiran sabor; a sentir la cotidianeidad de lo no disponible, que vaga por otras vidas ajenas a la prisa; a contaminarse del aire puro, que
llega desde la sierra; a naufragar en el olvido de sus recuerdos, que no lloran
en sus mesillas de noche; a leer en el románico de las iglesias, que adornan la
oración en las calles. Las ciudades, incluida la mía, en estos meses de
soledad, de ausencias, de despedidas, han soñado con la fantasía de volver a
ser las de antes.
martes, 19 de mayo de 2020
lunes, 18 de mayo de 2020
Duplicidades de la memoria
La memoria es como un espejo, que no se rinde al desaliento, que brilla
entre la oscuridad, que dibuja el oxígeno de los cadáveres, que deambulan
hambrientos, de ser excluidos de la eternidad; donde no son fotografiados
por el azar, pues forman parte de una realidad que no se mueve, que obedece,
que se deja guiar sin prisas hacia un puzle, donde todas las piezas sin
sonrisas, sin lágrimas, yacen atadas a
una cadena de silencios, de donde se escapan al hablar en las viejas fotografías
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
domingo, 17 de mayo de 2020
Postada del dolor
Un guante, una mascarilla, conchas de mar, un
reloj, la foto de mi abuela, Encarna, un trapo de limpiar el polvo; marcan los
segundos pasados, las horas presentes, y los días futuros, que se anuncian
inmediatos en la lejanía, que serán difíciles en la cercanía, a la que
tardaremos en volver, mientras el, maldito, asesino, intente acabar con
nuestros sueños; desdibujar nuestra esperanza; acalorar nuestra utopías;
suspender nuestras sonrisas; inspirar nuestro terror; desmemoriar nuestros
recuerdos; borrar nuestras victorias; acentuar nuestras derrotas; describir
nuestras despedidas; hasta entonces, nuestra vida, escribirá una postdata de
dolor, con lágrimas, imposibles, de descatalogar.
sábado, 16 de mayo de 2020
Conversaciones sobre el covid
En estos días, donde el virus se ha extendido a
nuestros comportamientos, que han quedado, silenciados, dentro de nuestros
hogares, al salir a la calle, a dar un breve paseo, pues tengo aún las fuerzas
mermadas por el miedo, por la
incertidumbre, por la angustia. Observo los encuentros, entre conocidos, por
primera vez, desde el confinamiento, me parecen emocionantes, inéditos,
suspendidos en la distancia; que a duras penas guardan, pues están deseando
acercarse, para cerciorarse que están vivos, que no han perdido la esperanza,
que esta situación forma parte de un mal sueño. Escucho sus conversaciones,
todos están bien, nadie se ha contagiado, y siento deseos de tomar sus cuerpos,
para librarme de un virus que yo si he pasado.
jueves, 14 de mayo de 2020
Arrugas del tiempo
Mi bisabuela, Flora, envejeció, prematuramente, en los años treinta, pues,
no tendría más de 66 años en el retrato, donde parece una anciana de
noventa años, si la observamos con la mirada de ahora. En su rostro,
expuesto a la inmortalidad, al dejarse fotografiar, no hay señales de
amargura, ni cantos de derrota, ni lágrimas pronunciadas. En su rostro,
acariciado, por la belleza de la sencillez, por de la premura del momento, por
el mayestático equilibrio; se aprecia la dignidad de una mujer, a la que
su marido, abandonó por la muerte con treinta años; una mujer, que sacó adelante sola a sus tres hijos pequeños ; una mujer que ayudó a su hija, con una hija pequeña, y
otro hijo en camino, cuando su yerno luchaba en la Guerra civil; una mujer
hecha para ser recordada , a pesar de las arrugas del tiempo sobre su memoria
Exprimir el recuerdo
Es curioso, cómo amamos a nuestros
antepasados. La mujer de moño canoso, mirada profunda, manos tranquilas, es una
de mis, bisabuelas, maternas. La madre de mi abuela, Encarna; la niña
sentada sobre sus piernas, oculta, tras el gajo de naranja es mi madre. He
conocido a, Flora, Florinda, a través de los recuerdos, de las palabras, de las viejas fotografías;
además, creo que. un día, de enfermedad a los cinco años, vino a cuidarme
a mi cama, que antes fue suya. Fue una mujer. valiente, entera, hecha a si
misma, que crio sola a sus tres hijos,
pequeños, sin un riñón. Hecho que siempre me pareció extraordinario, que sucediera
en los años 30. Imaginaba a mi bisabuela, trabajando en la confitería, cansada,
sin parte de su anatomía; pensando en
sus tres hijos, quienes pronto se pusieron a buscarse la vida para aliviar las
penurias del hogar. Flora es parte de mi herencia de supervivencia, por
eso, la necesito en mi memoria
sentimental.
Con todo mi amor a la memoria de mi
bisabuela ,Flora, una gran mujer, que ha de ser eterna.
Ana Tapias( todos los derechos
reservados)©
miércoles, 13 de mayo de 2020
La ternura de la lluvia
La lluvia cuando encuentra una
amapola, la invita a una cita en
una nube, para poder acariciarla, sin temor, a la despedida; para sentir, su
presencia, sin caer en la duda; para amarla, sin olvidarla, en el
calendario. La amapola, que rebosa soledad, acepta sin pensar que pétalo a pétalo
perderá la memoria y olvidara el encuentro con su fantasía, que nunca fue
realidad.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
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