jueves, 14 de mayo de 2020

Arrugas del tiempo

Mi bisabuela, Flora, envejeció, prematuramente, en los años treinta, pues, no tendría más de 66 años en el retrato,  donde parece una anciana de noventa años, si la observamos con la mirada de ahora.  En su rostro, expuesto a la inmortalidad, al dejarse fotografiar, no hay señales de amargura, ni cantos de derrota, ni lágrimas pronunciadas. En su rostro, acariciado, por la belleza de la sencillez, por de la premura del momento, por el mayestático equilibrio;  se aprecia la dignidad de una mujer, a la que su marido, abandonó por la muerte con treinta años;  una mujer, que sacó adelante sola a sus tres hijos pequeños ; una mujer que ayudó a su hija, con una hija pequeña, y otro hijo en camino, cuando su yerno luchaba en la Guerra civil; una mujer hecha para ser recordada , a pesar de las arrugas del tiempo sobre su memoria

Ana Tapias( todos los derechos reservados)

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