martes, 2 de noviembre de 2021

Pinzas del silencio




Estas pinzas, yacen silenciosas, dentro de la muerte, de uno de mis tíos paternos; quien imagino, que las usaría para colgar sus prendas. Nadie ha querido rescatar las pinzas, de su espacio; por temor a que las huellas, del difunto, contaminaran nuestros pensamientos, envueltos,  en las prisas, en la rutina, en la monotonía, en el estrés de no recordar gestos, palabras, olores, que forman parte de nuestras muertes, que son las de las otros;  que nos invitan a soñar, con no ser eternos, con no congelarnos en la memorias de quienes nos quisieron; con  cambiar de estado para pasar a ser silencio  fúnebre, que nunca habla desde la ropa, sino que se desdibuja dentro del color de la vida, que pasa para todos, que nos ignora a todos, que nos deja a todos como pinzas, inertes, en medio de la nada, donde es imposible llorar a nuestro olvido
Ana Tapias( todos los derechos reservados)
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domingo, 24 de octubre de 2021

Distancia del duelo


 

Dos sombras, se acercan dentro de sus silencios, se intentan controlar para no dejarse invadir, por el pensamiento, de la otra, que puede acotar la musicalidad del pensamiento, invitarlo a claudicar ante el error del dolor, que cae,  como si fuera sudor dentro de sus cuerpos invisibles, que se despiden al alejarse, al convertirse en soledad de nuevo; para llorar aislados dentro de su penumbra, a la que se abrazan como si fueran náufragos del olvido


Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

jueves, 21 de octubre de 2021

Suma de silencios



 El abandono, el olvido, el silencio, se derrumban en edificios, sin dirección, que parecen perdidos en medio del destino; donde se quedaron atrapados, dentro de vidas pasadas, dentro de lágrimas escondidas, dentro de palabras mudas; que recorren espacios sin muros, sin paredes, sin techos, con la sola distancia del ayer, que cae al vacío del hoy como si fuera un rostro sin latido, que muere anclado a la desmemoria de la soledad.

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martes, 19 de octubre de 2021

Pesadillas

Llevo toda la vida, soñando con abundancia, y recordando mi otra vida. Hubo un momento, en que eran tan surrealistas, las imágenes, que me acompañaban días, meses y años, que una de mis hermanas, me dijo, que debería escribirlas. Viajaba en bus, acompañada por un hombre, que era mi novio; entre nosotros había complicidad, risas, miradas, besos. El chicho en cuestión, era alguien de mi adolescencia, que esta mañana he logrado adivinar que se llamaba Gerardo. Un hombre alto, guapo de ojos verdes o azules. Al bajarnos, él se iba con otra. Ella era rubia y joven. Me encontraba sola, en Madrid, cerca de un estadio de fútbol, donde vive una de mis hermanas. Pensé en ir a verla, pero, mi móvil no estaba cargado, no tenía dinero para llamar. Empecé a caminar destino su casa, esperando que, a pesar de ser de noche, se apiadara de mí; pero llevo tanto tiempo sin ir, que me perdí y aparecí al lado de un edificio neoclásico, alto, elegante. Alcé la vista, para ver qué era, pues estaba agónicamente perdida, y leí “Banco de Santander". Llevaba a mi muñeco “Coco”(regalo de mis abuelos, maternos, cuando tenía dos años) junto a mi pecho. Volví a caminar, desorientada, ausente, sin dirección, y llegué hasta la Gran Vía de Madrid, en medio de la noche, era de noche, con mi muñeco pegado. Desde esa zona, sabia ir a casa de mi otra hermana, que, a pesar de la distancia, me costaría más de una hora llegar, lo podría lograr, pero debería anunciarla que me encontraba en Madrid. Envuelta en mis dudas, de si, podría dormir en su casa, me encontré con una madre con su hija, quien me hizo agacharme, para ayudarla a buscar su móvil, pero hizo un movimiento, que me robó el mío. No la pude decir nada, ya que, lo había guardado y en su mano tenía el suyo. Me invadía la tristeza, la angustia, la pobreza, era una vagabunda dentro del destino, atada a mi muñeco, que era el único que conocía de mi existencia. Me he despertado asustada, con mi infancia dentro de mis silencios y de mis lágrimas, tan perdidas como mi ausencia del ayer.

 


Ana Tapias( todos los derechos resevados)©

jueves, 14 de octubre de 2021

Lo visible, lo invisible


El Acueducto se yergue, inhiesto, entre las ruinas de sociedades, que lo han precedido; a unos metros, se sitúa el buzón de correos, que se esculpe entre abandonos y suspiros. Abandonado por la tecnología, que lo ha llevado a ser un resto arqueológico de sentimientos. Suspiros, de los seres, inacabados por la melancolía,  que corroe sus huesos de ayer; donde escribir, formaba parte de la entrega hacía  corazones que latían entre, viejas, palabras que  soñaban con acariciar a tinta visible, en medio, de la lentitud, en medio  de la soledad,  en medio de la distancia, de vidas,  ancladas al paso de los siglos, que se cimbreaban en blanco y negro, para terminar llorando ausencias ,invisibles, acogidas por el destino, dentro de piedras, imposibles de soslayar del olvido

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lunes, 11 de octubre de 2021

Crucifixión de los objetos


Cada objeto, ocupa un lugar en nuestra mente, que actúa como si fuera un armario perfectamente ordenado; es necesario, de vez en cuando, descolocar los objetos y darlos otra dimensión, para que se aproximen a nuestras sonrisas, que yacen olvidadas debajo de lo que fuimos y nunca volveremos a ser. Envejecemos empolvándonos los mejillas, para ocultar nuestras arrugas;  a mí me gustan las arrugas, eso significa que soy mayor; que me acerco a la edad de merecer la muerte  y ser un bello ataúd enterrado dentro del olvido de mis sobrinos;  quienes me sobrevivirán, y alguna vez, sacaran mis no joyas de sus recuerdos para sentirme a su lado;  como yo siento, a mi abuela, en su viejo sifón de la"Revoltosa", espejo de sus días de trabajo, de sus noches de descanso, de sus sonrisas de eternidad, que como si fueran un bodegón del tiempo, fotografió, porque no puedo dejar de llorar de la felicidad, si la encuentro en fotos en blanco y negro, donde mi abuela materna, Encarnita, siempre me escucha y nunca me contesta, cuando la cuento mis malos días; porque mi abuela, fue una victima más de una guerra, que la impidió ser libre y volar hacía sus sueños, espacio que rozó cuando escribo.





 Con amor a mis cinco sobrinos: Santiago, Alonso, Guillermo, Mariana e Inesita

Vuestra tia os quiere
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jueves, 7 de octubre de 2021

El peso del camino

Las experiencias forman parte de nuestra convivencia con la rutina, que nos acosa desde el despertador, imaginario, que se balancea sobre nuestras obligaciones impuestas por la necesidad de sobrevivir, dentro de un mundo de envidias, de odios, de puñetazos, de seres, con corazón como nosotros, pero que late al ritmo de sus espejos rotos, imposibles de reconstruir por nuestras sensibilidades, que lloran sujetas a sus malos actos, que nos persiguen como si fueran sombras en nuestros cuerpos, que pesan demasiado; que rompen balanzas;  que destrozan piernas; que acaban incrustadas en cuerpos informes, que nos devuelven a la nada de dónde venimos y adonde siempre volvemos

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