Imposible creer que los plátanos bailan cuando nadie los ve; para eso, hay que apoyarse en la fe, y rezar al dios de los hechos posibles; que se acerca a nuestros cuerpos, cada vez, que comemos un plátano, que antes ha bailado sobre nuestro deseo; es cuestión de comulgar con el hambre para ser un devoto más y no pensar en lo irracional.

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